Nº 1379– 14 de Noviembre de 2010

Todos o casi todos hemos oído hablar de León Tolstoi, y algunos incluso hemos leído alguna de sus obras. Pero no son tantos los que le ha conocido en su dimensión espiritual, como fiel cristiano.

En una de sus obras dice así: “Cristo es Dios y el hombre trabajando juntos, caminando juntos, danzando juntos.”

Urge sacar a Jesucristo del embrollo religioso en que le hemos encerrado desde hace tantos años.

Agustín de Hipona dijo: “Sin Dios el hombre no puede existir; sin el hombre, Dios no existe.”

Es de pura lógica: ¿De quién sería Dios el Dios Eterno sin criaturas?

¿Para qué y para quiénes la belleza sin la existencia de un ojo que la apreciara?

¿Dónde estaría la grandiosidad de los mares sin nadie que la percibiera?

El hombre a solas es absolutamente impotente. Por eso Jesús nos ha dicho que separados de Él, nada podemos hacer.

La impotencia del hombre radica en su soledad, en su descartar u olvidarse de Dios…

La soledad del hombre es la raíz de todas sus angustias, y el ámbito de todas sus vacuidades.

Por eso Jesucristo es, como dijeron los antiguos, “Dios verdadero, y Hombre verdadero”.

Es la unión de lo Infinito con lo finito: El Verbo, quien es Dios, y que es hecho carne para habitar entre nosotros, como uno de nosotros, para dar su vida por nosotros.

Urge sacar a Jesucristo del embrollo religioso, y ponerse a caminar con Él, a trabajar con Él y a danzar con Él.

Mucho amor. 

Joaquín Yebra,  pastor.

 

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