Nº 1.799 – 23 de Diciembre de 2018

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.  Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.  Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.” (Lucas 2:8-11)

No deja de sorprendernos que el anuncio del nacimiento del Mesías Salvador se hiciera a los pastores.  El oficio de pastor estaba en las listas de oficios despreciados de aquella época, y no eran bien vistos por la opinión pública.  Los pastores no gozaban de buena reputación.  Se les consideraba en general tramposos y ladrones; conducían sus rebaños a propiedades ajenas y, además, robaban parte de los productos de los rebaños.

Cierto es que siempre ha habido y habrá malos pastores y buenos pastores… y la Biblia da testimonio de esto.  Pero da mucha pena cuando no se valora a los pastores porque se les tilda de personas simples o porque siempre se está dudando de su competencia o de su esfuerzo.  Recordemos que Dios usa lo que aparentemente no sirve para avergonzar a lo que aparentemente sería mejor.  Y los que a los ojos humanos parecen muy bien equipados, puede que no perseveraran mucho en la obra.   Dios no se equivoca cuando llama a un hombre o a una mujer al oficio de pastor.   Siempre los pastores son pocos por el alto precio que siempre hay que pagar, aunque sea una profesión donde no hay paro (siempre te vienen ofertas y siempre hay iglesias sin pastores).

Recordemos que Jesús es nuestro Buen Pastor y nos ha enviado pastores.  Piénsalo bien antes de juzgar apresuradamente la conducta de un pastor del pueblo de Dios, no sea que te quedes sin él o sin ella.

Feliz Navidad

Pastor Antonio Martín Salado

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