Nº 1.795 – 25 de Noviembre de 2018

“¡ENGRANDECED AL SEÑOR CONMIGO Y EXALTEMOS A UNA SU NOMBRE!”  (Salmo 34:3)

 

Podemos pasar mucho tiempo de la vida avanzando y retrocediendo sin llegar a meta alguna…  Es como el tiempo de 40 años que el pueblo de Israel estuvo dando vueltas por el desierto sin llegar a la tierra prometida.  En ese “dar vueltas” tuvieron muchas experiencias con el Señor, pero debido a su ambición y divagación, una generación quedó caída en la arena.  Por su desobediencia al Señor no fueron directamente de Egipto a la tierra que “fluía leche y miel”.  Para que esto no nos pase también a nosotros, tenemos que clamar al Señor como hizo David.  Para que su experiencia sea la nuestra; porque si David llegó a este nivel que declara en el Salmo-Canción 34, nosotros, fortalecidos por el Espíritu Santo, podemos llegar también.

Dejemos que el Señor sea más grande… pero para esto, nuestra voluntad debe ser más pequeña.  Levantemos Su Nombre en unidad porque la división de objetivos nunca nos va a llevar a un estado espiritual más alto.  Solamente unidos en Su voluntad alcanzaremos la victoria como pueblo de Dios, y no sólo como personas o familias individuales.  Que el Señor te bendiga en lo personal y en lo familiar, pero como comunidad cristiana buscamos juntos y unánimes el objetivo divino.

“Busqué al Señor, y Él me oyó y me libró de todos mis temores.”  (Salmo 34:4) Tenemos que llegar a la siguiente etapa en el curso de la vida con el Señor.  No podemos quedarnos sin avanzar.  Y la siguiente estación está libre de todo miedo, temor y vergüenza a vivir y proclamar al Señor.

Busquemos al Señor: Él nos escuchará y nos librará de todas nuestras fobias.  Sólo así seremos verdaderamente libres.  Amén.

Y sobre todo… Mucho amor.

Pastor Antonio Martín Salado

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