Nº 1.785 – 16 de Septiembre de 2018

Con cierta frecuencia, muchos cristianos piensan que la Santidad es una meta, algo que alcanzaremos cuando el Señor venga en Su segunda venida.

Pero esto es un error que no nos ayuda para nada en nuestro diario vivir, puesto que fácilmente podemos desfallecer y abandonar en el camino hacia esta supuesta meta.

Leamos en Deuteronomio 7:6 – 7 y ahora lo personalizamos para cada uno de nosotros “Porque tú eres (aquí pones tu nombre) sant@ para el Señor tu D’s; el Señor tu D’s te ha escogido para serle un hombre/mujer especial, más que todos los hombres/mujeres sobre la tierra. No por ser tú más que todos los seres humanos te ha querido el Señor y te ha escogido, pues tú eras el más insignificante de todos los seres humanos.” Es decir no hemos sido escogidos por méritos propios, sino por la sola gracia de D’s.

Cuando el Señor nos llama nos aparta para El y por lo tanto somos santos, llamados a vivir en santidad. Esto no quiere decir vivir en la perfección, con lo cual en muy poquito tiempo abandonaríamos el Camino de santidad, puesto que somos pecadores por naturaleza. Pero sí anhelarla y siendo ahora conscientes de que somos apartados para D’s y por lo tanto santos, amar a nuestro Señor.

Leamos Hebreos 12:14 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Sin quererlo y debido al contexto en el que estamos hablando, nuestra mente se queda ahora solo con la segunda parte del versículo “la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”, pero ¿Qué pasa con “seguid la paz con todos”?. En este caso el verbo seguir, nos habla de “dirigir algo por camino o método adecuado, sin apartarse del intento”. Con lo cual, todo parece indicar que si nos apartamos del intento de seguir la paz con todos, será muy difícil andar en santidad, puesto que estamos hablando de un tándem.

Pablo López

 

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