Nº 1.775 – 8 de Julio de 2018

“Porque con alegría saldréis y con paz regresaréis.  Los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.  En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será al Señor por nombre, por señal eterna que nunca será borrada.”  (Isaías 55:12 y 13)

Llegó ya el verano, tiempo de vacaciones para muchos.  Tiempo de tomar días de descanso.  Tiempo de calor que invita a bajar un poco el ritmo y caminar más pausadamente.  Tiempo para relajarse y dar reposo a la ajetreada agenda del año.

El verano invita a la reflexión, a hacer balance del trabajo realizado y a esperar la cosecha, el fruto de lo que ha sido sembrado, regado y cuidado.

El verano es tiempo de estar más con la familia y de disfrutar más al aire libre.  Los días son largos y llenos de luz, y las noches invitan al paseo buscando algo más de frescor.

El verano es para vivirlo más fuera que dentro y salir a mirar el mundo.  Hemos pasado mucho tiempo entre cuatro paredes en el trabajo, la escuela, la casa y la iglesia.

Una de las aficiones favoritas de los parisinos en verano, es sentarse en una terraza y ver pasar la gente por la calle.  Los madrileños también somos de mesa al aire libre.  Cuando contemplamos a los demás nos damos cuenta de que no estamos solos.  Percibimos que somos parte de un todo más grande que es la Humanidad: los hijos y las hijas de Dios. Podemos vernos reflejados en los otros y, si somos del carácter de Jesús, anhelaremos relacionarnos con todos los que están a nuestro lado, ya que son hermanos por conocer, gente como tú y como yo.  Los niños no suelen tener problemas en hacer amistades entre ellos en las vacaciones.  Los jovencitos también tienen esa facilidad.  Los mayores puede que nos hayamos vuelto más “exclusivos” en algunos casos.  Pero creo sinceramente que conocer gente es un buen deporte para practicar en verano, en vacaciones, y, por qué no, el resto del año.  Puede que tengamos una oportunidad preciosa de compartir el evangelio con otro ser humano.

Un abrazo, mucho amor y mucho verano.

Antonio Martín, pastor.

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