Nº 1.773 – 24 de Junio de 2018

“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.”  (Hebreos 8:6)

Cristo es el Mediador (mesités en griego).  Mesités viene de mesos, que quiere decir “en medio”.  Un mediador es, por tanto, uno que se coloca entre dos personas que están enemistadas, y las reconcilia.

Cuando Job clamaba en su angustia por poder presentar su dura situación ante Dios, exclama: “No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos.”  (Job 9:33)

Necesitamos un árbitro, un mediador que nos reconcilie con Dios, con los demás y con nosotros mismos.  Ese Mediador Perfecto es Jesús.  Él sale como nuestro fiador, nos avala y responde por nuestras deudas impagables.

Jesucristo ha pagado nuestras deudas como muestro mejor amigo y hermano mayor, para perdonarnos y que nos perdonemos lo que es, a nuestro parecer, imperdonable.

Jesucristo logra la reconciliación de lo que parece irreconciliable.

Recibamos las promesas divinas y asumamos así un mejor pacto, apropiándonos de ellas.  Es Dios mismo en Jesucristo quien nos otorga el perdón y nos da las fuerzas para cumplir el pacto.  Sus leyes están escritas en las tablas de nuestros corazones.

¡En Dios haremos proezas!  En el Señor haremos cosas impensables humanamente hablando.  Y no hay proeza mayor que recibir el perdón divino y con ese perdón perdonarnos personalmente y los unos a los otros.

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”  (dice Jesús en Mateo 6: 14 y 15)

Mucho amor y mucho perdón.

Antonio Martín, pastor.

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