Nº 1.750 – 14 de Enero de 2018

Respondió Jesús y le dijo:  Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice:  Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” (Juan 4:10)

Muchas veces no recibimos más del Señor porque no pedimos: “Y yo os digo:  Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” (Lucas 11: 9 y 10)

O porque pedimos mal: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”  (Santiago 4:3)

Pero Jesús nos ha dicho y no miente, que Él está deseando dar Su Vida, Su Espíritu a todo aquel que se lo pida.  El problema entonces está siempre en nosotros, no en el Señor.  En nuestra autosuficiencia creemos no necesitar al Maestro… “lo tenemos todo bajo control” pensamos.  De ahí la poca asistencia a los cultos de muchos cristianos, sobre todo a las reuniones de oración.

La búsqueda intensa de Dios no está de moda en la mayoría de los círculos cristianos, aunque El Señor diga por medio de Su Palabra: “Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.”  (Salmos 69:32b)

La vida está tan organizada y va tan deprisa que apenas damos importancia a pararnos y pedirle al Señor de Su Agua Viva.  Así bebemos una vez más y constantemente de lo que el mundo puede ofrecernos mitigando a medias una sed interior nunca saciada del todo.  Pero así vamos tirando y van corriendo los días y los años.

¿Será este año el tiempo en el que decido hacer un verdadero cambio en mi vida?  ¿Será este mi propósito principal de año nuevo antes que apuntarme al gimnasio o hacer dieta?

Pedir, buscar y llamar son los verbos claves.  Jesús sólo nos pide un pequeño esfuerzo como a la mujer samaritana: “Dame de beber”.  Es como si el Señor te estuviera diciendo “dame cancha”, si hablamos y me pides tú, te voy a bendecir sobremanera: “el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”  (Juan 4:14)

Mucha Agua Viva y mucho Amor.

Antonio Martín, pastor.

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