Nº 1.743 – 26 de Noviembre de 2017

Incluso en los estados de máxima debilidad y abandono, el hombre –varón y mujer- sigue siendo capaz de tomar decisiones; pero, claro está, en los estados de debilidad y abandono extremos es el hombre degradado quien tomas las riendas y malgobierna la casa.

Cuando comienza a reflexionar sobre la situación y condición en que se halla, y busca diligentemente la Ley sobre la que se establece su ser, entonces puede el ser humano encauzar sabiamente su energía, su inteligencia y sus afectos hacia el camino de su máxima realización personal, en armonía consigo mismo, con Dios y con los demás.

Esto sólo puede acontecer mediante el descubrimiento, dentro de su propio ser, de las leyes del pensamiento. Y tal descubrimiento no es casual, sino que se trata de una cuestión de autoanálisis, aplicación y experiencia.

La Biblia denomina esta experiencia con diversos términos, tales como “arrepentimiento”, es decir, “darse la vuelta”, “conversión”, “volver en sí”, y el resultado como “fruto del arrepentimiento” y “novedad de vida”.

De ahí que debamos atrevernos a vigilar, controlar y alterar nuestros pensamientos, después de analizar y comprobar los efectos que tales pensamientos nos producen a nosotros mismos, a los demás y a la vida y circunstancias en las que nos desenvolvemos, eslabonando las causas y los efectos mediante una paciente autoinvestigación, una observación cuidadosa de nuestros pensamientos, sus causas y  resultados..

A tal efecto tendremos que utilizar todas nuestras experiencias, incluso aquellas que nos parezcan más triviales. Ellas nos permitirán obtener el conocimiento de nosotros mismos y la comprensión de las personas y de las cosas.

En este sentido se cumple la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo: “El que busca, halla; al que pide, se le da; y a quien llama, se le abrirá.”

La paciencia, la perseverancia, la práctica y las oportunidades son las llaves que abren la puerta de acceso al “Templo del Conocimiento”.

Siguiendo esta enseñanza descubriremos también el misterio del efecto del pensamiento sobre las circunstancias.

Sobre eso volveremos a hablar la próxima semana en nuestro boletín “Unánimes”.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

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