Nº 1.741 – 12 de Noviembre de 2017

Tarde o temprano descubriremos que, como lo hizo el Predicador del Eclesiastés, que la fortuna y la fama no son las grandes cosas de la vida. Lo auténticamente importante es que sema o sinceros con nosotros mismos, con nuestra naturaleza humana, que nos exige bondad, honestidad y generosidad, por cuanto hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. De lo contrario, la paz no será alcanzable e nuestra vida, sino la frustración y el desánimo, y nuestra naturaleza humana se queda flácida y distorsionada.

Importa que aprendamos a compartir la vida con otras personas, en lugar de acumular la vida para nuestro exclusivo consumo. Importa que aprendamos a reconocer los sencillos placeres cotidianos, el trabajo, la comida, la amistad, como verdaderos encuentros con Dios, porque Dios es Amor.

Estos encuentros nos enseñarán que Dios es real, cotidiano y doméstico, a millones de años-luz del “dios” de los libros y manuales de teología sistemática. Y también que nosotros mismos somos reales, no espectros virtuales.

Quizá nada pueda ayudarnos a comprender el gozo y el disfrute de lo pequeño y de lo cotidiano como considerar la fiesta de las Cabañas o Tabernáculos, el hebreo “sukot”, que hace memoria del tiempo en que los israelitas eran agricultores y daban las gracias a Dios en el otoño después de recoger la cosecha, y también para conmemorar la protección del Señor a su pueblo durante los cuarenta años de deambular por el desierto que se extiende entre Egipto y la Tierra Promisoria.

De ahí se deriva la costumbre de construir pequeñas cabañas o chozas en los hogares para reunirse la familia e invitar a amigos a comer frutos de la época. La festividad vincula a las pequeñas cabañas, vulnerables, temporales, como lo es nuestra vida, y los amigos y seres queridos, que quizá no estén entre nosotros tanto tiempo como nos gustaría. Incluso de las hojas cuando caen e inician el proceso de su transformación.

Nuestro Señor se empeña de mil maneras distintas a enseñarnos a disfrutar del presente, lo cual es mucho más importante que hacer planes para el futuro.

No es casual que durante la época de la festividad de Cabañas hayan recomendado los sabios antiguos de Israel la lectura del libro de Eclesiastés.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Los comentarios están cerrados.

Meses
Archivo