Nº 1.731 – 3 de Septiembre de 2017

El efecto de las leyes diseñadas por quienes las promulgan para salvaguardar sus intereses mezquinos nos alcanza tanto a nivel personal como en el plano internacional, tanto en los marcos macrosociales como en los microsociales.

Esto es lo que ocurre cuando analizamos el destino de las ayudas a zonas o países más empobrecidos, que no “pobres”. Si esas ayudas pasan por las estructuras dominantes, acabarán siempre acumulándose en instituciones o personas que tienen ya más. De modo que al final se llega al resultado horrible de que involuntariamente por parte de los ayudadores, esas ayudas terminan por aumentar la desigualdad, en lugar de corregirla. Para que una ayuda a un grupo humano sea eficaz, ésta deberá ir destinada a los más desfavorecidos, empezando desde abajo.

Así podemos entender la actitud constante del Señor revelada en la Biblia.

Amós 2:6-8: “Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos. Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los desvalidos, y tuercen el camino de los humildes, el hijo y su padre se llegan a la misma joven, profanando mi santo nombre. Sobre las ropas empeñadas se acuestan junto a cualquier altar; y el vino de los multados beben en la casa de sus dioses.”

Amós 4:1-3: “Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores; Traed, y beberemos. El Señor juró por su santidad: He aquí vienen sobre vosotras días en que os llevarán con ganchos, y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador; y saldréis por las brechas una tras otra, y seréis echadas del palacio, dice el Señor.”

Isaías 1:17: “Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.”

Isaías 1:21-23: “¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas. Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua. Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.”

¿Nos hacen pensar estos textos en la situación de nuestra propia tierra? Yo al menos no lo puedo evitar.

¡Ven, Señor Jesús!  Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

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