Nº 1.711 – 16 de Abril de 2017

Tan contrario es el Evangelio a la filosofía del mundo caído en el pecado, que frecuentemente hallamos enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo que nos parecen auténticas paradojas que nos dejan perplejos.

La que vamos a considerar hoy es la que encontramos en el Evangelio según Marcos 9:35: “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.”

Esto parece una auténtica contradicción, por cuanto nuestra naturaleza nos pide ser servidos antes que servir a los demás.

Sin embargo, si aprendemos a servir descubriremos la grandeza de nuestro ser; una grandeza escondida bajo espesas capas de orgullo, egoísmo y soberbia que han ido formándose en el curso de nuestra vida.

Ese duro caparazón pierde su espesor cuando Jesucristo entra a morar en nosotros en la bendita Persona de su Santo Espíritu.

Entonces es cuando aprendemos a dar, y descubrimos que dando es como recibimos…

Que siempre recibimos más de lo que podemos dar; y que lo que podamos dar será siempre lo que primeramente hayamos recibido.

También llegaremos a comprobar que contribuyendo a que los demás sean, es como somos más.

En ese caminar vamos a descubrir también que más allá del “dar” se encuentra el “darnos”, y que nuestro Señor siempre estará dispuesto a darnos de su gracia para que no pongamos freno a la generosidad cristiana.

Lo que hagamos a los demás, Dios nos lo va a devolver multiplicado.

Dios no se queda con nada, y sabe devolverlo con creces, sobre todo cuando compartimos con los más necesitados.

Nunca vamos a poder superar a Dios en lo que Él nos ha dado y nos sigue dando.

Nuestro Señor ha prometido el Reino de los Cielos a quienes así estemos dispuestos a obrar.

En el mundo hay lugares fértiles y lugares secos, pero no hay sequedad que permanezca cuando la regamos con la generosidad, con la alegría de compartir.

Si seguimos caminando por la senda de Jesucristo comprobaremos que los lugares secos quedan atrás, y que hay otros paisajes de vida y alegría en el porvenir.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

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