Archivo de la categoría ‘Año 2015’

Nº 1.643 – 27 de Diciembre de 2015

Vuelve a acabársenos un año, uno más, y uno menos. Aquí no cabe decir aquello de “ni más, ni menos”.

Nuestro planeta nos enseña una gran lección al girar sobre sí mismo y también girar alrededor del Sol.

El giro diario es corto y rápido, apenas dura 24 horas, mientras que el gran giro en torno al Sol, en el centro del sistema planetario, dura casi 365 días.

Esto puede tener un sentido más allá de lo estrictamente relativo a la mecánica del universo.

Muchos lo han interpretado como iniciar un nuevo ciclo vital, un volver a empezar, un nuevo paquete de posibilidades y oportunidades para amar a nuestros hermanos los hombres…

El reinicio de nuestro compromiso con Dios y con los demás, en una revitalización de nuestra conciencia de responsabilidad y de sensibilización.

De ahí, del centro del corazón de Dios, se deriva el Amor Divino  que todo lo abarca, sin que nada de la Creación quede fuera.

Un nuevo año es una nueva oportunidad de dar fruto, y fruto abundante, reconociendo a Jesucristo cada vez más íntimo y real en nuestras vidas.

Cuando sólo se trata de un nuevo calendario sobre la pared, es evidente que estamos miopes y apenas vemos.

La vitalidad, la fecundidad y la vida, desde el fundamento divino, nos llegan en el soporte del jardín del tiempo que se nos concede.

Y en él no faltarán oportunidades para que se den en nosotros el crecimiento, la emancipación y la trascendencia en los actos sencillos de la vida, sin esperar que llegue el momento de una gran acción.

¡Feliz Año Nuevo! Y mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.642 – 20 de Diciembre de 2015

La relación con Dios nos pone en contacto con la fuente interior que hay en nosotros, donde radica esa luz verdadera que alumbra a todo hombre, donde reparamos en los demás, comenzando por los más necesitados, los que no cuentan para casi nadie.

La Navidad nos pone en contacto con los catálogos de los grandes almacenes, donde se venden las cosas que nos aseguran van a producirnos felicidad, pero creo que no seremos tan mentecatos como para creer semejante patraña. Basta con recordar que las cosas anteriores han terminado todas en el contenedor de la basura.

La relación con Dios nos regala el perdón de nuestros pecados y el don de la vida eterna, la plenitud de vida, la vida abundante.

La relación con el mundo no nos regala nada, pero tiene mucho para vendernos; cada día más.

La relación con Dios nos ayuda a desmitologizar el espiritualismo, para que venga a ser verdadera espiritualidad.

La relación con el mundo nos puede fácilmente inducir a  confundir la iglesia con una multinacional exportadora de religión organizada.

La relación con Dios nos acerca a todos los hombres, como hermanos nuestros, a quienes no tenemos que pedir la documentación ni preguntar por su adscripción religiosa.

La relación con el mundo puede fácilmente hacernos confundir la comunión con el correligionarismo.

La relación con Dios humaniza; la relación con el mundo nos hace pasar por la vida al margen de “nos-otros”, e incluso de nosotros mismos.

La relación con Dios es la única fuerza que nos permitirá experimentar la liberación de los reinos del sistema que llamamos “mundo”.

¡Feliz Navidad y mucho amor!  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.641 – 13 de Diciembre de 2015

La relación con Dios fue descrita por los primeros cristianos de lengua griega como “Eusebia”, del substantivo “eusebos”, es decir, “piedad”. Quienes todavía creen que la relación con Dios es religiosa necesitan volver en sí, y siguiendo a Jesús en los Evangelios caer en la cuenta de que Cristo revela la relación con Dios en la piedad, no en la dogmática religiosa.

Por eso la piedad cristiana se perdió cuando la religiosidad establecida e institucionalizada ocupó su lugar, llegando a organizar “guerras santas”, “cruzadas”, hogueras inquisitoriales, persecuciones y toda la ignominia imaginable.

Por eso procuramos seguir enseñando algo que no creemos debamos olvidar, y es que Jesús estuvo entre nosotros como Maestro de espiritualidad, no de religión. Y que su predicación no fue de la Iglesia, sino del Reino. Sentimos que a algunos no les guste nuestra posición, pero no lo podemos evitar. Por otra parte, es algo recíproco.

La justicia del Reino de Dios es lo que Jesús nos ha pedido que busquemos en primer lugar. Por eso es que quien no hace justicia a su propio ser, quien se hace daño a sí mismo, no podemos esperar que no haga daño igualmente a los demás.

El Reino de Justicia que anhelamos, y que Jesús ha prometido instaurar, requiere que ya empecemos a adiestrarnos en él aquí y ahora: Vivir en justicia es lo que produce justicia para los otros; tener en cuenta las necesidades de los demás; respetar la libertad de todos; practicar la limosna (griego: “elemosine”, “justicia”, no “sobras”). Así y sólo así es como podemos salir de la vorágine de la corrupción que cada día define más acertadamente a nuestra sociedad.

Piadoso es quien vive la piedad con contentamiento; quien ve las cosas como las ve Dios. Así se disolverán también las ilusiones ficticias, las quimeras que el mercantilismo usa para convertir a los hombres en máquinas manipulables.

Entre tanto, no olvidemos que la piedad no es una conquista humana, sino un modo de ser, viviendo y viendo desde Dios.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.640 – 6 de Diciembre de 2015

Parece que fue ayer, y ya estamos estrenando el último mes del año. ¿Vuela el tiempo, o somos nosotros quienes volamos por él? Me inclino a pensar que es lo segundo.

Necesitamos también liberarnos de algunos modelos insensatos del tiempo, lo que hace que éste se escape de nosotros como el agua cuando pretendemos sujetarla en nuestras manos, pero se nos escapa entre los dedos.

Al ser un bien intangible, caemos en el error de pensar que disponemos de todo el tiempo del mundo; pero la realidad es que se trata de un bien tan escaso como nuestro dinero.

Algún día nos daremos cuenta de que el tiempo y la vida son una misma realidad. La vida pasa, transcurre, y creemos que hay algo que también pasa junto con ella. Pero la realidad es que ni la vida es espiral, ni el tiempo tampoco.

Creo que es cierto que volvemos siempre al punto de partida, pero no por movimiento espiral, sino por ciclos sinuosos por los que podemos quedarnos estancados o bien elevarnos cada vez a un nivel más alto.

Jesús nos invita a subir al monte para orar, para renovar fuerzas, pero no acepta que hagamos enramadas y nos quedemos allí tan a gusto, sino que nos insta a descender al valle, donde están quienes no han ascendido a la cumbre. Por eso hemos de ir a ellos para darles la buena noticia de la gracia divina.

Para describir esa proclama, los primeros cristianos de lengua griega emplearon la voz “epifaneia”, de donde nos viene “epifanía”, es decir, “proclamación”, como la que hicieron los sabios de oriente, los que vinieron a rendir homenaje a Jesús de Nazaret niño, en su camino de regreso a su tierra.

Hacer de nuestra vida tiempo de epifanía es redimir el tiempo que Dios nos otorga para compartir con los compañeros de viaje. Jesús, por el Espíritu Santo, siempre nos acompañará en esa dirección de tiempo y espacio.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.639 – 29 de Noviembre de 2015

Seguimos considerando esta semana la liberación de apariencias  que Dios nos regala en su Hijo Jesucristo. Esa fue experiencia de los primeros discípulos, quienes efectivamente, rompieron con la vida de apariencia heredada de sus antepasados.

El amor de Dios en Cristo Jesús les abrió, a ellos como a nosotros, nuevas posibilidades de vida que no acertamos ni siquiera imaginar cuando estamos sumidos en la vanidad del mundo que discurre de espaldas a Dios.

Las apariencias, como la idolatría, nacen en el corazón vacuo del hombre que ignora a Dios y su Santa Ley. De ahí que desde el momento en que le entregamos nuestro corazón al Señor, los viejos modelos de vida y conducta son transformados en una vida nueva en la esperanza mesiánica.

La experiencia salvífica con Dios nos libera de todos los  miedos y preocupaciones que dimanan de las apariencias, de las imágenes irreales que estorban para que se produzca el encuentro del hombre con el Dios de amor y misericordia que ama nuestra realidad.

La experiencia de la cercanía amorosa de Dios nuestro Señor nos libera también de modelos inconscientes de vida, condicionados por la sociedad y los medios de nuestros días. Nuestra trayectoria vital cambia de rumbo cuando Jesús sale a nuestro encuentro y nos invita a seguirle.

Los dramas de personalidad, conductas estereotipadas que se reproducen y aumentan en un efecto multiplicador, se resuelven en la senda de Jesucristo, en la praxis del amor, del perdón, de la misericordia, del abandono del egoísmo.

Basta con mirar verdaderamente a Jesucristo, quien se entrega por nosotros en la Cruz del Calvario, ocupando nuestro lugar de juicio y castigo, es suficiente para asumir su llamada, responder con nuestro arrepentimiento, y emprender la nueva vida, dejando atrás el modelo viejo, caduco, que carece de futuro.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.638 – 22 de Noviembre de 2015

En la Primera Epístola Universal del Apóstol Pedro 3:16 se nos dice que tengamos buena conciencia “para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.”

En el original griego de este versículo aparece la voz “anastrofe”, término que se queda un poco corto al verterlo por el castellano “conducta”, por cuanto su sentido es el de “cambio de vida” en Jesucristo, en contraste con la forma de vida heredada de nuestros antepasados:

1ª Pedro 1:18-21: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor a vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.”

Dios nos ha liberado en Cristo Jesús de nuestra vieja vida de apariencias, de insensatez y vacío existencial. Esa “vana manera de vivir” se califica como tal en el original griego con la voz “mataios”, cuyo significado literal es “insensato”, “fatuo”, “vano”. En definitiva, una vida irreal, de apariencias, objetivamente carente de sentido, rebosante de ilusiones ficticias.

La fe de Jesucristo nos libera de esas quimeras y espejismos que nos inducen a pensar que la felicidad es algo que podemos comprar, que se encuentra al otro lado de la luna del escaparate. Podríamos afirmar, pues, que la salvación que Dios nos regala en su Hijo Jesucristo es una salvación para la realidad, una liberación de la ignorancia más honda que se cultiva en el caldo del pecado. Por eso Jesús es presentado por el profeta Juan como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.637 – 15 de Noviembre de 2015

El mal no tiene nada que hacer en un corazón genuinamente entregado a Jesucristo. La terapia humana, bien intencionada y rigurosamente científica puede hacer algo, pero lo que el Santo Espíritu de Dios puede hacer y hace cuando hay una verdadera entrega al Señor, es incomparablemente superior.

Cuando somos conscientes de la veracidad de la promesa divina de venir a morar en nuestros corazones, en nuestras conciencias, no hay maldición que pueda afectarnos. Nuestras malas experiencias, que sin duda han dejado una huella honda en el alma, son borradas por el bálsamo del Santo Consolador. Las heridas antiguas, a las que nadie puede tener acceso, se exponen a la dulce mirada de Cristo Jesús en el Espíritu. Y es la presencia de Cristo en nuestra heridas donde se produce el milagro de la sanidad.

Cuando tenemos a Cristo Jesús en el corazón, cuando la gracia salvadora del Dios Eterno mora en la conciencia del humano, la desgracia y el dolor que rugen en el interior salen avergonzados de nuestra vida, por cuanto si Cristo Jesús está presente, no hay lugar para ellos. Cuando tratamos este tema, aunque sea con la brevedad de nuestro boletín Unánimes, no podemos evitar que vengan a nuestra memoria los versos inigualables de nuestra hermana Teresa de Ávila:                                                                                          “Nada te turbe,

Nada te espante,

Todo se pasa,     

Dios no se muda;

La paciencia todo lo alcanza;

                                                               Quien a Dios tiene nada le falta.

Sólo Dios basta.”

La experiencia interna y personal de Dios nos lleva a la libertad auténtica y genuina de todos los miedos y complejos.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.636 – 8 de Noviembre de 2015

El anuncio de Jesús de Nazaret de la inminencia del Reino de Dios fue la causa de su enfrentamiento con los dominios establecidos, el alto clero del templo, los saduceos, los escribas, los fariseos, los herodianos y el imperio romano, arquetipo de todos los demás sistemas absolutistas.

El Evangelio, la Buena Noticia, venía de uno del pueblo, no de las castas dominantes, mientras que para el imperio romano las buenas noticias sólo podían proceder del poder imperial. El Evangelista Marcos presenta esta oposición mediante el uso de símbolos, no de forma directa, lo cual probablemente se debe a tener que proteger a las comunidades cristianas nacientes, que ya estaban comenzando a ser perseguidas por el imperio.  Esto es muy evidente en el caso del endemoniado gadareno, a quien Jesús libera expulsando a los malos espíritus que van a parar a los cerdos, los cuales se ahogan precipitándose al mar. (Mateo 8:28-34).

Detrás de la interpretación espiritualizada por el cristianismo institucionalizado, algunos nos atrevemos a ver la escena como una simbología para mostrar que el fuerte ha de ser amarrado y destruido, por cuanto al endemoniado nadie podía sujetarle ni siquiera con cadenas. Creemos que se trata de una escena real, pero también de una manera de mostrar el bestialismo del imperio romano, por cuanto las fuerzas no pertenecían al endemoniado sino a los demonios representativos del imperio. La prueba que a tantos pasa inadvertida es que cuando Jesús le conmina al maligno a dar su nombre, la respuesta de éste es “Legión”.

El imperio asesinó a Jesús, pero Él entregó su vida por nosotros, para limpiarnos de todo pecado, para darnos la vida eterna en su Segunda Venida, y para ponernos en guardia respecto a la levadura de los fariseos y los herodianos de todos los tiempos. Quiera Dios darnos de su Gracia para que nunca bajemos la guardia, sino que permanezcamos siendo una comunidad de hombres y mujeres libres, llamados a salir de Babilonia, para encaminarnos hacia el Reino de Dios y su justicia. Bienvenidos serán todos cuantos desde el realismo acomodado quieran seguir nuestra utopía creativa.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.635 – 1 de Noviembre de 2015

Tristemente, muchos hermanos que fueron fieles y sinceros seguidores de Jesucristo, y vivieron la espiritualidad guiada por el Santo Espíritu de Dios, han caído en la espiritualidad espuria de la masonería, abierta o disfrazada. Hay naciones en las que es muy difícil encontrar un ministro del Evangelio que no sea a la vez miembro de una logia masónica. Si hay alguna duda al respecto, sólo tenemos que investigarlo un poco. No está oculto. Es público para quienes quieran saberlo. Otra cosa es que prefiramos mirar en otra dirección por intereses inconfesables, inseguridad o miedo.

El veneno masónico, como el de otras sectas luciferinas, engancha fácilmente a quienes buscan espiritualidad fuera del ámbito del Espíritu Santo, y entre quienes pretenden alcanzar conocimientos o revelaciones superiores, por encima del resto de sus hermanos.

¿Hay algún antídoto contra ese veneno? Ciertamente. La palabra apostólica nos lo da en la Carta de Pablo a los Romanos 12:3-5: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.”

¿Dónde queda lugar en el cuerpo de Cristo para jerarquías, para grados, para círculos cerrados de conocimientos ocultos, ceremonias babilónicas de iniciación para escogidos y toda la larga parafernalia ocultista con que Satanás trata de invadir los corazones de los hombres y la propia Iglesia del Señor?

La masonería se ha infiltrado en las filas del cristianismo evangélico alentando a muchos a creerse superiores, más ungidos que sus hermanos, conocedores de doctrinas especialmente reveladas a ellos. Nosotros seguiremos hablando donde la Biblia habla y callando donde ésta calla.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

Nº 1.634 – 25 de Octubre de 2015

El maligno siempre ha procurado, y continuará hasta el día de su destrucción, inducir a los hombres al engaño que los aparte de la adoración al único Dios y Señor Universal. Todas las religiones organizadas usan ocultismo entre sus jerarquías. Pocos saben que el porcentaje de pastores y dirigentes de muchas de las denominaciones protestantes son miembros de diversas sectas ocultistas, principalmente de la Masonería, al igual que un buen número de sus llamados “misioneros”, principalmente los procedentes del “Big Brother” del Norte.

Una de las aspiraciones de quienes caen en las redes masónicas es alcanzar el conocimiento oculto del Nombre de Dios, el cual les es revelado bajo juramento al alcanzar el grado 13, de los 33 de la orden, denominado “Maestro del Arco Real”. Por quienes han salido de esta red, sabemos que ese nombre es “Jabulón”. Bendicen a ese dios cuando esconden su mano en el pecho, como de todos es sabido que hacía Napoleón Bonaparte, masón como la mayoría de los gobernantes políticos del mundo y los dirigentes religiosos de muchas iglesias, algunos bien cercanos.

“Jabulón” es nombre compuesto por la combinación de la forma siria de “Jehová”, la partícula “el”, que es “señor”, “baal”, y el sufijo “on” que es alusión al dios solar egipcio. Ese es y era el antiguo culto babilónico a Satanás. Cuando el masón alcanza grados más elevados se le revela que el nombre máximo de Dios es Lucifer, el portador de la luz. Hoy día muchos púlpitos están ocupados y administrados por falsos ministros del Evangelio que se erigen en apóstoles, profetas, maestros, patriarcas y querubines para distraer al pueblo del Evangelio del Reino de Dios y de la Gracia Divina mediante doctrinas espurias y prácticas cada día más próximas al ocultismo y la magia. Recodemos la palabra apostólica que nos ha llegado en la Primera Epístola de Pablo a Timoteo 4:1: “Pero el Espíritu (Santo) dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.”

Continuaremos con este asunto la próxima semana, con el favor de Dios. Entre tanto, mucho amor. Joaquín Yebra,  pastor.

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