Archivo de la categoría ‘Año 2014’

Nº 1591– 28 de Diciembre de 2014

Se nos ha vuelto a ir un año sin apenas darnos cuenta, si bien la flexibilidad del sentido del tiempo hace que éste sea de distinta duración para cada uno de nosotros, en función de nuestra vida y sus circunstancias. Pero cuando estamos a punto de darle la vuelta a la última hoja del calendario, puede ser un buen momento para pedirle a nuestro Señor que nos dé la gracia de saber rechazar toda violencia y curar heridas con manos suaves. Si estas fechas navideñas sirvieran para que aportáramos algo para hacer esta tierra más habitable, eso ya sería mucho… Para que ningún niño tenga que nacer a la intemperie por no haber lugar para sus padres en el mesón, o en la vivienda desahuciada… Para que no vuelvan a aparecer las imágenes televisivas de madres africanas con pechos flácidos y niños esqueléticos en sus brazos… Para que aprendamos a vivir en paz y armonía, respeto y tolerancia… Para que los enriquecidos huyan de la riqueza diferenciante, y los empobrecidos huyan de la pobreza impuesta, y ambos se encuentren en la justicia.

Dios quiere que descubramos que cada pueblo y ciudad pueden ser un Belén de Judá, y que cada corazón puede ser un pesebre donde el Amor se haga Persona. Recordemos siempre que no somos robots, ni unos meros “aprietabotones” con un diploma en informática bajo el brazo, sino personas a quienes se nos ofrece una nueva conciencia, un nuevo corazón, una nueva naturaleza, en Cristo Jesús Señor nuestro. Esos valores perdidos, de los que tantos hablan sin explicar bien cuáles son, no se han perdido en una sociedad absorbente y consumista, sino, antes bien, han ido desapareciendo del corazón del hombre en la medida en que nos hemos distanciado del amor obediente a Dios. La sociedad actual ha sido el resultado de la pérdida. Pero el Señor, en su infinita misericordia, tiene para nosotros perdón de pecados y el don de la vida eterna, que nos invita a comenzar a vivir aquí y ahora, derramando su Espíritu, y con Él sus auténticos valores: Amor, gozo, paz, paciencia tolerante, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Contra tales dones, la ley del pecado y de la muerte queda inoperante, y la Santa Ley de Dios se nos brinda bajo la Gracia Divina.

Mucho amor, y ¡Feliz Año 2015!  Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1590– 21 de Diciembre de 2014

Si esta Navidad sirviera para que descubriéramos que estamos hechos para ser felices, ése sería el mayor y mejor regalo festivo.

Si además descubriéramos que estamos hechos para la felicidad de nuestra familia, parientes, hermanos y amigos, el regalo ya sería impresionantemente valioso, superando nuestras mejores expectativas.

¿No te das cuenta de que los demás necesitan de tu bondad, cariño, sonrisa y corazón?

Es duro decir esto, pero es una realidad incuestionable: Si sólo pensamos en nosotros mismos, sobramos, estamos de más, sólo somos rémora.

La vida carece de sentido cuando sólo vivimos para nosotros mismos y somos carga para los demás, de quienes lo esperamos todo, sin estar dispuestos nosotros a dar nada.

El egoísmo nos hace creer que siempre hemos de ser acreedores, jamás deudores a nadie. Esta es la verdadera causa de toda nuestra infelicidad. Por eso nos ha dicho nuestro Señor que necesitamos volvernos como niños para ver y entrar en el Reino de Dios. Recordemos que los niños son simples, sencillos, sin doblez, espontáneos, alegres y contentos.

¿No te has mirado en el espejo de Dios para darte cuenta de que eres un grotesco barril de quejas y reclamaciones? ¿No te das cuenta de que no podrás ser feliz mientras persistas en pensar sólo en ti mismo, sin aliviar, en silencio al menos, las heridas de los que lloran y de los que ocultan sus pesares bajo espesas capas de maquillaje y sonrisas estereotipadas?

Regala un poco de amor, para lo que no necesitas comprar objetos caros del catálogo de los grandes almacenes.

La felicidad de nuestros prójimos está en nuestras manos, al igual que la nuestra. ¡Vete a dormir temprano, porque mañana tienes que ser amable! Desayunar bien también ayuda.

Mucho amor, y ¡Feliz Navidad!  Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1589– 14 de Diciembre de 2014

Un día un hermano vino a mí para confesar que era un “bocazas”. Esas fueron sus palabras. Cuando le pregunté por qué se consideraba de tal modo, me respondió que hablaba con suma rapidez, juzgaba rápidamente a todos y se sentía fácilmente indignado ante los tropiezos de los demás…

Añadió que su tema de pensamiento y charla eran todos los “dimes y diretes” de los círculos en que se desenvolvía, comprendida la comunidad cristiana…

Sabía quien era quien en todas partes, quienes se habían peleado en casa, quien se había ido del hogar, qué travesuras habían hecho los chicos de los otros…

Y cuando llegaba a sus oídos lo que los demás sabían de él (o de ella), se indignaba todavía más, porque pensaba que con su carita de no haber roto nunca un plato, podría ocultar la realidad de su vida, sus pensamientos, deseos, ansiedades y todo lo demás.

Le pregunté: “¿Quién crees que sabe todas esas cosas de ti?”

Le invité a pensar un momento en silencio (¡Gracias, Dios mío, por el silencio!) y que se dijera a sí mismo: “Desde ahora voy a callarme y dejar de hablar sobre los demás, porque si los demás supieran acerca de mí una pequeña parte de lo que yo sé de ellos, no me sentiría precisamente orgulloso.”

Las palabras siempre ponen algo en movimiento, y en aquella ocasión pusieron en marcha nuestros corazones y pudimos orar juntos.

Nuestro Señor trajo palabras de amor, de alegría, de comprensión y renovación. Esa es labor sutil del Santo Espíritu de Dios.

Una palabra suya llega hasta el corazón y lo cambia.

Una palabra del Señor es como pan en tiempo de escasez.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1588– 7 de Diciembre de 2014

Los pesimistas viven en la niebla, en la oscuridad; cierran sus ventanas y procuran que los demás también cerremos las nuestras.

Los pesimistas se aterrorizan cuando no tienen más remedio que mirar hacía el horizonte. Lo suyo es bloquear todo rayo de luz y de esperanza; apagar colores y taparse los oídos a la música del viento entre las ramas o del agua entre las piedras del arroyo.

Los optimistas saben que hay mucho dolor, tristeza y miseria en el mundo, hacen algo para acabar con esa situación, y hallan aliento descubriendo estrellas en las noches más oscuras.

Los optimistas creen en lo bueno, en lo hermoso, en el sentido de la vida, en la amistad entre la gente, y de ese modo hacen la vida “vivible”.

Crean ambiente de confianza y de alegría, y de ese modo muestran a todos cuantos tengan ojos para ver, que el ser humano no es un número dentro de una masa oscura o una pieza sin aliento dentro de una máquina inmensa.

Sólo dentro del optimismo podemos hallar paisajes nuevos, pero hemos de comenzar por descubrir a la persona que está a nuestro lado. Hay parejas y amigos que después de muchos lustros no han llegado nunca a descubrirse.

Cuando descubrimos al que camina con nosotros, y vemos las cosas buenas que Dios ha puesto en él o en ella, podemos experimentar el don y el misterio de la amistad. Si soy un egoísta que sólo me veo y me busco a mí mismo, nunca jamás podré experimentar encuentros con otras personas, ni conoceré la alegría de la amistad.

Para romper esa espesa muralla del egoísmo necesitamos cada día intentar ser un amigo, un buen amigo para mí mismo y para los demás.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1587– 30 de Noviembre de 2014

Hay mucha crispación y violencia en el mundo y entre las personas. Sabemos que los poderosos pueden hacer estallar este mundo en mil pedazos. En tiempos tenían que encender la mecha. Ahora basta con pulsar unos botones.

Antiguamente, las consecuencias de la estupidez humana y de la estrechez de miras quedaban limitadas por la incapacidad técnica, pero hoy en día las consecuencias pueden ser catastróficas.

Se ha producido un abismo demasiado ancho entre el poder tecnológico y el corazón del hombre, entre la frialdad de la mente dirigida por el afán por el lucro y la dominación, y el desarrollo moral y espiritual de los humanos.

Sin embargo, en medio de tanto desorden y confusión, creemos que hay esperanza.

El Sol no se cansa de salir cada mañana… Siguen naciendo niños y niñas de ojos risueños… Quedan muchas personas con el corazón en la mano…

De manera que donde puede nacer una flor, lo pueden hacer también mil más.

Nuestro objetivo no es el desierto, sino la Tierra Prometida; la transitoriedad del desierto sólo es una escuela de aprendizaje.

Pero, tengamos cuidado, porque quien no cree en la Tierra Promisoria se vuelve rebelde o indiferente, se desanima y no sigue adelante, y muere en su desierto.

Tengamos siempre presente que la gente feliz no se encuentra entre quienes más medios materiales poseen, sino entre los optimistas, tengan mucho o poco.

Esto son quienes saben ser felices porque conocen en qué dirección mirar en la vida.

Aún no se han encontrado en el mundo a un solo “pesimista feliz”.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1586– 23 de Noviembre de 2014

La mente humana, una vez ampliada por una idea nueva, nunca recuperará su dimensión original. Tampoco volvemos a ser los mismos después de haber experimentado un encuentro.

Para quien posee percepción, un simple signo resultará suficiente, pero para quien no está realmente atento, mil explicaciones no le bastarán.

No hay camino largo para quien avanza sin prisa pero sin pausa; pero tampoco hay hombres demasiado lejanos para quien se acerca a ellos con paciencia y tolerancia.

Necesitamos reconocer que no son fuerzas las que nos falta, sino voluntad.

Es nuestra apatía la causante de nuestros desengaños, y ésta sólo puede ser superada con entusiasmo.

El destino no es una cuestión de suerte, sino de elección; no es algo que espere, sino algo por alcanzar.

También es cierto que todos cuantos han contribuido positivamente a la humanidad, soñaron mientras trabajaban.

Recordemos aquella fábula del conejo y la tortuga: No llegó primero a la meta el más rápido, sino el más constante.

Los sueños positivos, los que vienen de Dios, pueden esconderse por un tiempo, pero son como semillas bajo el suelo; podemos tener la certeza de que brotarán un día en busca de la luz.

La renuncia es el viaje de regreso del sueño; recordemos que podemos llegar a todas partes, siempre que caminemos lo suficiente.

Dios nos ha diseñado para que crezcamos por encima de nuestro trabajo, superemos las alturas de nuestros conceptos y emerjamos con resultados donde no pensábamos que los hallaríamos. “¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?” (Quino, en “Mafalda”).

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1585– 16 de Noviembre de 2014

Simone Weil (1909-1943), filósofa francesa judía, afirmaba que “cuando el arte, la ciencia, la literatura y la filosofía son simples manifestaciones de la personalidad, están en el nivel donde pueden alcanzar brillantes conquistas gloriosas, de aquellas que pueden inmortalizar el nombre de una persona. Pero es más allá de ese nivel, mucho más allá, a un abismo de distancia, donde se logran las cosas más altas, más importantes, y son generalmente anónimas.”

Pero un hombre o una mujer con una idea nueva será un loco hasta que la idea triunfe, y pocos son quienes están dispuestos a ser tachados de locos.

La idea que no trata de convertirse en palabra es una mala idea; y la palabra que no trata de convertirse en acción es una mala palabra.

Sin propósito claro, nada se empieza; y sin esfuerzo perseverante, nada se completa.

Por eso existe una inmensa diferencia entre quienes esperan un milagro y quienes lo producen.

Dijo el poeta: “Dejé las penas atrás y me puse en pie en la cima de la montaña con un libro en una mano y una antorcha en la otra, y me envolvió el arco iris.”

Hemos de poner alguna distancia entre nosotros y quienes querrían apagar tus sueños porque no son capaces de asumir los suyos. Hemos de amarlos, pero no consentir que nos contagien.

Las huellas de los sueños no son menos reales que las de nuestras pisadas.

No vamos a sentir plenitud en nuestra vida hasta que la vinculemos a un claro objetivo, no a cosas que se deterioran con el paso del tiempo.

Bienaventurados son quienes nunca se desalientan, y que en el invierno del corazón esperan el regreso de las golondrinas.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1584– 9 de Noviembre de 2014

La siembra de la semilla no es suficiente para que se obtenga fruto.

La siembra de la semilla ha de ir acompañada de fe y confianza.

Si se siembra la simiente con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de esperar a recoger sus frutos.

Pero la imaginación sin esfuerzo sólo será una colección de sueños no realizados.

De ahí se desprende que toda utopía sea un principio de progreso y el diseño de un futuro mejor.

Una esperanza reaviva otra esperanza, y un anhelo enciende otro anhelo.

Las aptitudes son capacidades, pero las actitudes son el motor que las pone en marcha.

Las actitudes se expresan siempre como algo que hacer, alguien a quien amar y algo que esperar.

No debemos temer alcanzar nuestros límites, pues es la única forma de descubrir que los límites retroceden ante nosotros.

Si no lo hacemos, sino que confinamos nuestros esfuerzos, la frontera empequeñecerá para acomodarse a ellos.

No existen libros de texto sobre sueños y actitudes porque éstos se logran sólo en la práctica.

Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.

Los sueños inalcanzables se vuelven proyectos cuando hay objetivos.

Cuando contamos con objetivos podemos establecer planes de acción.

Y llegamos a nuestro destino cuando hay un compromiso profundo con aquello que soñamos.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1583– 2 de Noviembre de 2014

Escuché a alguien decir que poseemos solamente aquello que no podríamos perder en un naufragio. Todo lo demás, no lo poseemos realmente, sino que en verdad nos posee a nosotros.

Para el buen atador, no existe nudo que no pueda soltar; ni el buen corredor dejará huellas; ni al buen orador se le trabará la lengua; el buen cerrajero no encuentra puerta que no pueda abrir; así es como el corazón regenerado no atesora para sí, mientras ve a tantos necesitados a su alrededor.

Las posesiones que nos poseen son fuerzas que nos arrastran hacia el abismo.

Quizá no existen cadenas más fuertes y poderosas que esas ataduras que nos poseen, que nos engañan haciéndonos creer que la vida del hombre consiste en los bienes materiales que posee.

El sabio no atesora, porque sabe que donde está su tesoro, allí estará su corazón, por lo que los tesoros pueden volverse contra nosotros muy fácilmente. Sólo atesora en los Cielos.

Cuanto más hace por su prójimo, más posee; cuanto más da, más tiene.

No hay prueba mayor de vivir bajo la Gracia de Dios nuestro Señor que el buscar el Reino de Dios y su Justicia.

El camino al Cielo es Jesús de Nazaret, siempre beneficioso y nunca perjudicial. Es camino de hacer, y no de porfiar.

Recordemos que si un diamante cae al lodo sigue siendo una piedra valiosa; pero el polvo, aunque ascienda a las alturas, continuará siendo sin valor.

Lo que los ojos ven es conocimiento, pero lo que el corazón sabe es certidumbre.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.

 

Nº 1582– 26 de Octubre de 2014

La vida es una larga lección de humildad, por eso es que la transmisión de la vida sólo es posible a través de un intermediario viviente. Y hoy sabemos que lo que transmitimos es fundamentalmente información.

La cultura no puede transmitirse sino de hombre a hombre. De ahí que el saber libresco solamente haya producido y continúe produciendo pedantes.

El conocimiento es cuantitativo y cualitativo al mismo tiempo, acumula, atesora y guarda bajo llaves. Pero la cultura sólo se desarrolla, se mueve y multiplica en contacto con la vida.

Por eso nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo nos ha dicho que sus palabras son Espíritu y son Vida.

No hay en ellas ningún atisbo de ninguna de las tres cosas sumamente destructivas de la vida, que son la ira, la avaricia y la autoestima que nos hace vernos por encima de nuestra realidad.

Siempre que un alma es sencilla y recibe la sabiduría de lo alto, las cosas viejas se disipan y todo el entramado religioso-filosófico se derrumba estrepitosamente.

Necesitamos vol

Meses
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