Archivo de la categoría ‘Año 2011’

Nº 1435- 25 de Diciembre de 2011

Jesús nació para buscar y salvar lo que se había perdido, es decir, la humanidad de la humanidad. Si no amamos a nuestro prójimo, a quien vemos, ¿cómo podremos amar a Dios, a quien no vemos?

Por tanto, somos retados a conocer a Dios a través de nuestro prójimo, en una relación horizontal concreta. El prójimo no vive a mil kilómetros de distancia, sino que es el más próximo a ti y a mí.

Sólo partiendo del más cercano puede tener sentido considerar prójimo al más distante del planeta. Jesús de Nazaret nos ha enseñado que la comunidad humana debe ser un boceto de la vida eterna, de la nueva humanidad que Dios tiene proyectada.

Dios no tiene un color de piel única. Encuentra su color adecuado en cada continente, y se encarna en cada pueblo, en cada cultura, en cada lengua y en cada ser humano de esta tierra.

En el varón y la mujer, en cada uno, está la presencia divina por esa luz que alumbra a todo hombre. Por eso el hombre viene de mujer, sea hembra o varón, y es carne de su carne, soplo de su soplo, vida de su vida.

¿Cómo puede ser el varón una persona y la mujer un objeto, si el hombre viene de una mujer? Esa era una de las preguntas que se hacía el filósofo cristiano Emmanuel Mounier.

Así también en este día en el que hacemos memoria del nacimiento de nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo, recordemos que Él también nació de una madre, de nuestra querida hermana Myriam, latinizada María. Y también tengamos presente que todos los pueblos del mundo somos mestizos, y por lo tanto, el mejoramiento humano y cultural es recíproco en todos nosotros.

Si entregamos nuestro corazón  a Jesucristo, todos los días de nuestra vida serán Navidad. Mucho amor.

Joaquín Yebra, pastor.

 

Nº 1434- 18 de Diciembre de 2011

La teología de la dominación promueve la creación de estereotipos negativos de los pueblos dominados y oprimidos de nuestro planeta. Ocultan la historia del pueblo dominado y mucho más la dominación actual. Si un pastor se atreve a derramar luz al respecto se le acusará de “hacer política” en vez de predicar el Evangelio.

Las teologías y filosofías de la dominación afirman, abierta o sutilmente, que unos pueblos nacieron para mandar y otros para obedecer. Esa es en síntesis la filosofía de Aristóteles, que junto con el platonismo, invadieron el cristianismo a edad muy temprana, haciendo a millones creer la patraña de poseer un alma inherentemente eterna, y justificando “cristianamente” una sociedad de clases.

La teología de la dominación y las iglesias que siguen su ruta no pueden creer en la profecía para nuestros días, por cuanto los profetas que Dios sigue levantando son emparentados por dichas organizaciones con el mismísimo diablo. Los pueblos que se rebelan son emparentados con el eje del mal, mientras que Dios es emparentado con el imperio de turno.

La teología de la dominación y sus iglesias se separan abierta o sutilmente de la cultura propia. Avergüenzan a los indígenas de América y de África, destacando siempre como superiores a las culturas grecorromanas y occidentales. Ocultan la judaidad de nuestro Señor Jesucristo, revistiéndole de anglosajonismo, en el ámbito protestante, y de romanismo en el católico.

El principio de la sabiduría dejar de ser el temor reverencial a Dios, quien es amor, para convertirse en la adaptabilidad al sistema.

Despejemos si somos capaces toda la parafernalia navideña y celebremos que el Verbo de Dios, quien es Dios, fue hecho carne y habitó entre nosotros, como uno de nosotros, para dar su vida por nosotros.

Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.

 

Nº 1433- 11 de Diciembre de 2011

La teología de la dominación promueve el individualismo para que no practiquemos la solidaridad con los oprimidos. “¡Cristo y yo, somos mayoría aplastante!” “San ‘Paramí’, que los demás santos no comen!”

De forma abierta o con suma sutileza enseñan a creer que el individuo es anterior a la sociedad, haciendo olvidar a los incautos, numerosísimos, que es en la sociedad, en la comunidad, donde el hombre y la mujer se personalizan. El acento se pone en la letra, no en el espíritu de la letra. Y en las iglesias se enseña lo que la Biblia dice, pero se oculta lo que nos quiere decir.

El adoctrinamiento es de cartilla, de catecismo superficial, sin profundizar en la religiosidad compartida con la comunidad. La prueba la tenemos en que mientras que hay comunidades de base y curas de base, no hay cosa semejante a congregaciones evangélicas de base y pastores de base.

El pietismo evangélico, aparentemente maravilloso en su aspecto doctrinal, termina por desenmascararse y resultar ser un elitismo que no permite el acercamiento de los más, y que expulsa sutilmente a quienes no dan la talla. Y me refiero a la talla impuesta por nosotros mismos, saturada de hipocresía y doblez, que no a la talla de Jesús de Nazaret, quien nos ha dicho “venid a mí todos…”

Quien se rebela contra la falsedad de la jerarquía, aparente o maquillada, pasa a ser un hereje, un pagano, un ateo, un difícil de tratar e incluso un poseído por el demonio. Esto ocurre especialmente contra aquellos que han cometido la osadía de creer su discurso cristiano y encarnar su mensaje evangélico.

El compromiso con el estado secular suele ser el copete de la tarta. La teología de la dominación y las iglesias que siguen su ruta no toman en cuenta el momento histórico, cultural, social, y ni siquiera el país en que actúan. Por eso su mensaje es un discurso ahistórico y acultural que sólo reproduce la historia de la dominación. Pero Dios sigue siendo amor.

Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.

 

Nº 1432- 4 de Diciembre de 2011

Para la teología de la dominación, hacerse “dueños de la tierra” para trabajarla es un pecado imperdonable para los empobrecidos, pero ser “señores de la tierra” sólo un derecho para los poderosos. Estos últimos son los que tienen todas las garantías para expropiar la tierra a los nativos en otros continentes, como la banca hoy expropia los pisitos –nichos anticipados- de los trabajadores españoles y residentes que los han intentado comprar con el dinero que los banqueros les han prestado a rédito increíblemente elevado, de auténtica usura garantizada por el estado. Y como son muchos los que no han podido pagar sus plazos hipotecarios, el estado, el que nos dicen que “somos todos”, tenemos ahora que inyectar a la banca privada nuestro dinero, ahorrado y supuestamente custodiado por nuestro papá estado. Lo mismo podemos decir respecto a quienes se creen autorizados para destruir la naturaleza, los bosques, los ríos, contaminar el aire y desequilibrar el planeta. Yo no me he atrevido a explicarles esto a mis hijos, por si se volvían radicales. ¿Y tú, hermano? Vale, nos entendemos.

Hace no tantos años se presentaba la esclavitud como derecho natural por mandato divino. El esclavista era como la encarnación de Dios para que el pueblo se ganara el pan con el sudor de su frente, mientras sus explotadores lo hacían con el sudor del de enfrente. En los días todavía cercanos en que Roma estaba conchabada con el fascismo de Mussolini, mandaban a la gente a no votar, para no abrir cauces a la democracia. Dios era supuestamente “apolítico”, como nos enseñaron nuestros padres a decir que éramos durante el franquismo. Lo mismo promueven las sectas religiosas financiadas hoy por fuentes de extraña factura y más extraños propósitos.

Cuando la apertura hacia la democracia resultó ya inevitable, porque el capital sabía que el fascismo ya no vendía, Roma llamó a votar masivamente a sus partidos vaticanistas, denominados “social-cristianos” y “demócrata-cristianos”. Así aparecieron en España partidos que hoy los nietos de sus fundadores han adaptado a la situación reinante, procurando que no aparezca ninguna mención a adscripción religiosa. Eso es lo que hay. Pero Dios sigue siendo amor.

Mucho amor.         Joaquín Yebra, pastor.

 

Nº 1433- 27 de Noviembre de 2011

La teología de la dominación no anuncia el Reino de Dios, sino el fin catastrofista del mundo. Su principal anuncio es el caos, el infierno, el castigo sin fin, el “dios” que devora a sus hijos, a quien al mismo tiempo, y paradójicamente, anuncian como “amor”. Enseñan que las almas de amianto, de fibra de asbestos, pueden estar ardiendo por toda la eternidad; el castigo sin motivación correctora; y sus seguidores no se sienten muy inclinados a valorar la salvación si no les aseguran que hay quienes al mismo tiempo se están friendo sin remedio. ¡Qué bonito! ¡Qué entrañable! ¡Que repugnancia!

No es de extrañar que quienes propugnan semejante teología hayan sido los organizadores de la caza y captura de sus propios hermanos, guerras “santas”, cruzadas, matanzas, etc. Son los que han estado dispuestos, y siguen estándolo, a matar a quienes llaman a Dios por un nombre distinto al que ellos emplean.

En la teología de la dominación no hay opinión, ni referendos, ni  consultas. Sólo hay una visión: La de los dirigentes. Además, no hay nada que hacer. Todo está escrito, entiéndase que todo está para ser interpretado como a sus dirigentes les conviene. Eso significa que no tiene sentido luchar por un mundo mejor, más digno, más solidario. La justicia es para el “otro mundo”. En este hay que aguantarse con lo que venga. Éste siempre va a ser un “valle de lágrimas” en el que “a los pobres siempre los tendremos con nosotros”. ¡Viva el determinismo!

Pero Jesús lo que nos ha dicho –léase el original griego: “éjete”, “tenéis” (presente de indicativo)- es que “a los pobres siempre los tenemos con  nosotros”. De modo que en cuanto queramos que desparezca la pobreza, podremos hacerlo. Sólo hay que eliminar los gastos de la carrera armamentista, el suntuosismo de los estados y poco más.

Pero el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo nada tiene que ver con la teología de la dominación.

Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.

 

Nº 1432- 20 de Noviembre de 2011

En la teología de la dominación “dios” es varón, y el malo -¡Dios le reprenda!- es mujer, tentación, pecado, “manzana” de la marca “Eva”. El “dios” del afán por el lucro y la dominación es “macho” cabrío, enemigo de la mujer tentadora de Adam y causante de todos los males habidos y por haber. ¿No radicará ahí el origen del creciente abuso y violencia domésticas?

La teología de la dominación ha declarado a la mujer ser “apolítico”, incapaz de ejercer el derecho al voto, y de ostentar cargos públicos de alto nivel.  Sometieron a la mujer bajo el dominio del padre o de los hermanos varones; la encerraron en casa y le pusieron cinturones de castidad y sujetadores en los pechos. Todo atado y bien atado.

El “dios” de la dominación mira en otra dirección cuando se producen pecados sexuales, pero cuando el escándalo sale a la luz se tiene que gastar una inmensa fortuna para tapar los desmanes acontecidos tras sus muros monacales y eclesiásticos, ocultos bajo el silencio de sus clérigos autores y cómplices. La pureza se identifica con la llamada “raza blanca”, mientras que la desobediencia, el robo y las alteraciones del “orden” público se asocian siempre a los de piel más oscura.  El pecado es blanco-latino, africano o árabe, contrario a los designios del “nuevo pueblo elegido de Dios”, mientras el “ojo que todo lo ve” mira desde el triángulo del billete de un dólar. Y el acceso a los no caucasianos se interpreta como el principio del juicio final y del fin del mundo, y de lo que haga falta.

La teología de la dominación presentó el día 12 de octubre como el “Día de la Raza”, tratando de maquillar y camuflar los desmanes de Colón, Hernán Cortés, Diego de Losada, los Barclays y todos los afines. La “espiritualidad” del consumismo dominante ha penetrado en las iglesias logrando que se dediquen más fondos, tiempo y ganas a los CDs y a los DVDs que a la Santa Palabra de Dios. Y sobre la cátedra de Jesús se sientan los mismos escribas y fariseos que entonces se sentaban sobre la cátedra de Moisés. Hay que volver a sacar a latigazos a los mercaderes del templo.

Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.

 

Nº 1431- 13 de Noviembre de 2011

La teología de dominación se basa en el terrorismo psicológico y espiritual. Afirma, aunque lo encubra con palabras edulcoradas, que el miedo a Dios, y no el amor, es el principio de la sabiduría.

Su acento siempre recae en el pecado, no en el perdón y la salvación. Teme al pecado no por el hecho de ser pecado, sino por el escándalo que puede producir frente a sus intereses. Pero si el pecado queda bien cubierto, entonces no pasa nada.

El agente principal de sus predicadores es Satanás -¡Dios le reprenda!- no Jesucristo. El diablo es “negro”, como los demonios, mientras que Dios y sus ángeles son “blancos”. Como los nazis, cristianos y europeos, Dios no puede tener un “Hijo” judío. ¡Menuda deshonra para la familia!

El “dios” de esa teología, a veces muy sutilmente maquillada y disfrazada, es racista y excluyente, pero cuando conviene, por una especie de arte de magia, repentinamente se convierte en un “dios” ante el cual “todos somos iguales”, porque eso es lo que hoy “vende”, como en las campañas de nuestros políticos. Es un “dios” construido a imagen y semejanza de los poderosos, y a la medida exacta de sus negocios e intereses, comprendidos los religiosos, propios y aliados.

La raza se mejora pareciéndonos más a “Superman”, antes fue “Tarzán” o el “Capitán Marvel” o el “Llanero Solitario”. En definitiva se trata del “dios” de la perfección humana, que pertenece a la llamada “raza superior” o “civilización superior”. Durante el imperio español, ese “dios” se parecía a un español. Hoy se parece más a un “gringo”. Por eso, en el fondo del corazón de todos los detractores de lo norteamericano, sólo palpita la envidia de no serlo.

Algunos creen que todos deberíamos ser blanquísimos, como el arroz refinado, pan blanco sin las “impurezas” del integral, y adoptar una dieta de basura importada para que aumente la venta de productos farmacológicos para combatir el aumento de alergias, asma y el beri-beri (carencia de vitamina B1).

¡Menos mal que Dios sigue siendo Amor!

Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.

 

Nº 1430- 6 de Noviembre de 2011

La palabra “recortes” es una de las más frecuentes en los medios de nuestros días. Pues nosotros desde “Unánimes” también vamos a proponer “recortes”:

Noruega, Suecia y Dinamarca no tiene un Parlamento con Senado. Alemania sí lo tiene, pero formado por sólo cien senadores, y los Estados Unidos de América lo tiene con sólo un senador por cada estado. ¿Por qué tenemos necesidad en un país tan diminuto como España de mantener un Senado con 200 senadores mientras se recortan fondos para sanidad y profesorado? ¡Si el Senado desapareciera ahorraríamos la friolera de 3.500 millones de euros al año!

¿Por qué no eliminamos la pensión vitalicia de todos los diputados, senadores y demás “padres y madres de la patria”? ¡A ver si resulta que la “patria” son ellos y sus patrocinadores! ¿Por qué no tenemos sencillamente un embajador y un cónsul en cada país? ¿Sabías que gastamos en cuerpo diplomático más que el Reino Unido de la Gran Bretaña y Alemania?

¿Por qué tenemos todos indiscriminadamente que auspiciar partidos políticos, sindicatos y toda una serie de fundaciones e instituciones opacas, entre ellas la iglesia católica que presume de notorio arraigo, pero no cuenta con suficientes fieles comprometidos para mantenerla? ¡Que los sostengan sus afiliados! ¿Por qué no dan testimonio de solidaridad los que ocupan las más altas instancias del estado, y entre ellos los obispos y cardenales, recortándose sus asignaciones? Con semejante medida se calcula que podrían ahorrarse unos 45.000 millones de euros anuales.

¿Por qué no tenemos una ley electoral que permita una democracia social y participativa, en la que nuestra opinión de ciudadanos sea la que gobierne, y no una papeleta cada cuatro años para que hagan con ella lo que les plazca, sin dar explicaciones? ¿Por qué no acabamos con esa caterva de parásitos blindados, repugnantes a los ojos de quienes llevamos toda la vida sosteniéndonos de nuestro trabajo y contribuyendo a la sociedad, y siendo conscientes de la realidad?

Mucho amor.

Joaquín Yebra, pastor.

 

Nª 1429- 30 de Octubre de 2011

La escena con mayor claridad de la despedida de Jesús de sus discípulos no se halla en su ascensión a la gloria del Padre, de donde vino, sino más bien en la cena de la Pascua, tan cargada de gestos y signos; cuando Jesús se reúne con los más íntimos, se levanta de la cena, pone agua en un lebrillo, se ciñe la toalla, y comienza a lavar los pies de sus apóstoles.

No falta ninguno de ellos. Incluso Judas Iscariote, el traidor que le va a entregar, está presente entre aquellos a quienes Jesús lava los pies, y a quien le da un trozo de pan mojado en su plato.

Ninguno de ellos, desconcertados, acierta a comprender cómo es posible que el Señor y Maestro adopte un gesto de esclavo. Jesús tiene que explicarles que tiene un mandamiento nuevo que comprende todos los grandes mandamientos de Dios, con sus preceptos y ordenanzas, con todas las enseñanzas de la Santa Ley de Dios y los Profetas: “Amar”.

No he querido decir el “amor”, porque se trata de un concepto, una idea, manoseada, tergiversada, corrompida; sino que he optado por el verbo “amar”, que no admite discusiones, ni exégesis, ni hermenéuticas acomodadas, sino que implica sólo, única y exclusivamente acción, decisión, entrega, fe existencial, a millones de años luz de los dogmas y las doctrinas eclesiastizadas carentes de significado.

El mandamiento de Jesús no es el “amor” sino el “amar”. La “preeminencia del amor” será el epígrafe que nosotros pongamos al pasaje neotestamentario; pero nuestro Redentor no habla del “amor”, sino de amarnos los unos a los otros, sirviéndonos, lavándonos los pies.

Por eso Jesús se lo muestra a aquellos primeros discípulos de forma existencial, no verbal, por cuanto no hay palabras que puedan aproximarse al agua, la toalla, las manos que pronto van a ser taladradas por clavos de veinte centímetros, las rodillas que poco después se doblarán para poder respirar desde la Cruz.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.

 

 

Nº 1428- 23 de Octubre de 2011

Los modelos geométricos nos ayudan a comprender muchas cosas difíciles, cuando no imposibles, de expresar por medio de las palabras. Y si no llegamos a comprenderlas plenamente, al menos podremos realizar una aproximación enriquecedora.

El círculo es una de las figuras que nos asisten en la comprensión de muchas cosas. Recordemos lo que nos dice la Sagrada Escritura en Isaías 40:22:

“El Eterno está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar.”

Todo se mueve en círculo. Por eso la humanidad experimenta su mayor desarrollo a partir del descubrimiento de la rueda. Las estaciones, los meses del año, las estrellas, la vida del hombre, todo, absolutamente se mueve en círculo, por cuanto éste es la vía por excelencia  de toda la naturaleza.

La línea no existe en el cosmos. La curvatura del círculo, desde el más pequeño hasta el de mayor inmensidad, demuestra que la línea no se da en la naturaleza, ni siquiera en la transmisión de la luz. Y toda línea es siempre parte de un círculo mayor.

Todo es circular, como el recorrido de nuestro planeta en torno a su estrella madre; como el giro de la tierra sobre su propio eje; como los átomos y todo el cosmos observable.

Todo es circular, como el amor, que no tiene principio ni fin, y por eso lo representamos con un anillo que curiosamente en castellano denominamos “alianza”. Y, como dijeron los sabios antiguos del Talmud, “Dios hizo este mundo redondo para que nadie pueda decir que su rincón es mejor que el de los demás.”

Por eso es que Dios lleva a todo círculo a convertirse en espiral que vuelve al punto de partida una y otra vez, pero nunca al mismo plano, sino que va elevándose cada vez más. Si hemos ascendido por un sendero que rodee una montaña, sabremos lo que queremos decir.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.

Meses
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