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Nº 1.776 – 15 de Julio de 2018

Como el número de hombres que han existido, que existen, y que habrán de existir; y como la suma de los pensamientos expresados y por expresar; así son los recursos de Dios.

Como el ratón que roe la cabecera de tu cama, la conciencia no deja tranquilo al que ha actuado cobardemente.

Como el ratón que se mete en la falda de una mujer, es el delincuente que busca refugio en medio de la congregación.

Como la velocidad del cohete en el vacío es la actuación del hombre que domina su materia.

Como las fronteras que separan dos países, es la falta de identificación en el matrimonio.

Como los sexos son dos: diferenciados y conjugados en la capacidad de procrear; el amor y el temor de Dios son dos fuerzas que se conjugan en la personalidad del sabio, y generan generosidad.

Como un ángel descendido del cielo, es el gobernante sabio que no necesita de la adulación interna ni de la propaganda exterior.

Como un motor de combustión, el conductor de almas requiere de la chispa de la vida.

Como un perro que daña la fiesta es el amargado que irrumpe en el gozo de los demás.

Cuando llueve todos se mojan.  Así el premio o el castigo de lo Alto, tienen también repercusión social.

 

(Tomado del libro “Proverbios: Reflexión de la vida” de Moisés Chávez)

Nº 1.775 – 8 de Julio de 2018

“Porque con alegría saldréis y con paz regresaréis.  Los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.  En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será al Señor por nombre, por señal eterna que nunca será borrada.”  (Isaías 55:12 y 13)

Llegó ya el verano, tiempo de vacaciones para muchos.  Tiempo de tomar días de descanso.  Tiempo de calor que invita a bajar un poco el ritmo y caminar más pausadamente.  Tiempo para relajarse y dar reposo a la ajetreada agenda del año.

El verano invita a la reflexión, a hacer balance del trabajo realizado y a esperar la cosecha, el fruto de lo que ha sido sembrado, regado y cuidado.

El verano es tiempo de estar más con la familia y de disfrutar más al aire libre.  Los días son largos y llenos de luz, y las noches invitan al paseo buscando algo más de frescor.

El verano es para vivirlo más fuera que dentro y salir a mirar el mundo.  Hemos pasado mucho tiempo entre cuatro paredes en el trabajo, la escuela, la casa y la iglesia.

Una de las aficiones favoritas de los parisinos en verano, es sentarse en una terraza y ver pasar la gente por la calle.  Los madrileños también somos de mesa al aire libre.  Cuando contemplamos a los demás nos damos cuenta de que no estamos solos.  Percibimos que somos parte de un todo más grande que es la Humanidad: los hijos y las hijas de Dios. Podemos vernos reflejados en los otros y, si somos del carácter de Jesús, anhelaremos relacionarnos con todos los que están a nuestro lado, ya que son hermanos por conocer, gente como tú y como yo.  Los niños no suelen tener problemas en hacer amistades entre ellos en las vacaciones.  Los jovencitos también tienen esa facilidad.  Los mayores puede que nos hayamos vuelto más “exclusivos” en algunos casos.  Pero creo sinceramente que conocer gente es un buen deporte para practicar en verano, en vacaciones, y, por qué no, el resto del año.  Puede que tengamos una oportunidad preciosa de compartir el evangelio con otro ser humano.

Un abrazo, mucho amor y mucho verano.

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.774 – 1 de Julio de 2018

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.  Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.  Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”  (Santiago 1:2-5)  Llamar a mis hermanos “hermanos” es una práctica que se vio fortalecida durante mi estancia en la amada tierra de Nicaragua (que pasa ahora por una dura prueba).  La fe de los cristianos nicaragüenses está siendo probada.  Es muy importante definirnos bien y recordar que los demás hombres son mis hermanos y no sólo los de la familia de la fe.  Llamaros a todos “hermanos míos” me compromete con vosotros y me recuerda que nuestra relación es fraternal.  Las pruebas son parte de la vida y nadie escapa a ellas.  La sabiduría que viene de Dios nos capacitará para alegrarnos cuando estamos atravesando por diversas pruebas.  ¿Quién no ha sido probado en su fe? El resultado es la paciencia que necesitamos para mantenernos firmes, resistir, perseverar, aguantar, sufrir y padecer, y no huir, sino quedarnos, mantenernos en el puesto.  Todo esto es la paciencia, la perseverancia de los santos.  La paciencia trabaja silenciosamente y produce un resultado pleno: nos hace maduros y juiciosos.  “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.”  (Apocalipsis 14:12)  La sabiduría divina siempre nos llevará a la obediencia de los mandamientos enseñados y vividos por Jesús.  Esta es la perfección y la cabalidad esperada de todos los hermanos pequeños del Señor Jesucristo:   guardar todo lo que Él nos ha enseñado, volviendo en el Espíritu para capacitarnos en ese cumplimiento.  No será posible la paciencia fuera de esta obediencia.  La fe auténtica, don de Dios, es mucho más preciosa que el oro y resistirá todas las pruebas si nos mantenemos firmemente vinculados al Señor a través también de los demás miembros de Su cuerpo.  El que huye de sus hermanos y los aborrece, ha perdido la paciencia y no puede decir que camina en los mandamientos de Dios y en la fe de Jesús.  Porque los mandamientos de Dios están todos reflejados en la vida de obediencia de Jesús que siempre estuvo cerca de sus amigos, los discípulos y los amó hasta el fin.

Mucho amor y mucha paciencia.

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.773 – 24 de Junio de 2018

“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.”  (Hebreos 8:6)

Cristo es el Mediador (mesités en griego).  Mesités viene de mesos, que quiere decir “en medio”.  Un mediador es, por tanto, uno que se coloca entre dos personas que están enemistadas, y las reconcilia.

Cuando Job clamaba en su angustia por poder presentar su dura situación ante Dios, exclama: “No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos.”  (Job 9:33)

Necesitamos un árbitro, un mediador que nos reconcilie con Dios, con los demás y con nosotros mismos.  Ese Mediador Perfecto es Jesús.  Él sale como nuestro fiador, nos avala y responde por nuestras deudas impagables.

Jesucristo ha pagado nuestras deudas como muestro mejor amigo y hermano mayor, para perdonarnos y que nos perdonemos lo que es, a nuestro parecer, imperdonable.

Jesucristo logra la reconciliación de lo que parece irreconciliable.

Recibamos las promesas divinas y asumamos así un mejor pacto, apropiándonos de ellas.  Es Dios mismo en Jesucristo quien nos otorga el perdón y nos da las fuerzas para cumplir el pacto.  Sus leyes están escritas en las tablas de nuestros corazones.

¡En Dios haremos proezas!  En el Señor haremos cosas impensables humanamente hablando.  Y no hay proeza mayor que recibir el perdón divino y con ese perdón perdonarnos personalmente y los unos a los otros.

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”  (dice Jesús en Mateo 6: 14 y 15)

Mucho amor y mucho perdón.

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.772 – 17 de Junio de 2018

“Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra.  Tened paz entre vosotros.  También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.  Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.“  (1 Tesalonicenses 5:12-15).

Desde estas líneas del boletín “Unánimes” queremos reconocer a todos los que trabajan en cualquier ministerio de la obra del Señor y hacer una llamada a tratarnos todos con mucha estima y amor.  Si nuestra gentileza ha de ser conocida por todos los hombres, entre los que nos llamamos cristianos, la amabilidad ha de sobresalir.

Todos estamos sometidos a muchas presiones y frustraciones dado que este mundo no es perfecto y tampoco nosotros lo somos del todo.  La llamada del apóstol es a tener paz entre nosotros.  Si no trabajamos por recuperar la armonía del Señor, no iremos a ningún sitio.  Si cada vez que nos reunimos añadimos tensión en nuestro medio, será porque es lo que llevamos dentro.  Pero nadie puede permanecer mucho tiempo en tensión sin agotarse del todo o sin sufrir una contractura o agarrotamiento.

Examinemos nuestro barómetro de presión y descarguemos el exceso en Aquel que ha prometido hacernos descansar a todos, los trabajados y cargados, agobiados y tensionados.  Para que, en la medida de lo posible, no aumentemos la presión en la comunidad de la que somos miembros.

Con todo, pidamos al Señor Su paciencia porque todos ofendemos muchas veces.

Mucho amor y mucha paciencia.

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.771 – 10 de Junio de 2018

Hijo mío:

Cuando viajes, olvídate del periódico. Devora el paisaje con tus ojos, y absorbe de su luz y su color. Porque la naturaleza renueva el alma del que traduce su amor en armonía con el cosmos.

 

Hijo mío:

Vé y observa la flor del desierto:  Ningún ejecutivo la ve.  O mira la flor que se esconde en el corazón de la fronda:  Ningún caminante la nota.  Pero están allí:  Cada una en su lugar; y alegran a Dios.

 

Es tu amigo:

Quien vierte de su espíritu por canales de sinceridad.  El que no te abandona porque te sobrevino calamidad.  El que a pesar de todo puede mirarte a los ojos, sin ofuscarse ante el faro de tu alma.  El que no tuerce su camino ante el obstáculo de tu presencia en la vida.

 

El hombre puede hablar; el hombre puede escribir.  Cuando hables, atavía tus palabras con pasión.  Y cuando escribas, atavíalas con luz de modo que te puedan entender.

 

Dios prueba en las puertas cerradas al que merece entrar dignamente por la puerta definitiva.  Dios prueba en la desesperación al que con serenidad patética, deberá contener las columnas de un mundo que tiembla.  Dios prueba sólo a los capaces de pasar la prueba, pues poseen el secreto del amor.

 

(Tomado del libro “PROVERBIOS: REFLEXIÓN DE LA VIDA” de Moisés Chávez)

Nº 1.770 – 3 de Junio de 2018

“Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas.  Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.”  (Lucas 22:28-30)

Jesús es en todo nuestro modelo.  Él también necesitó a sus amigos, los discípulos para que le acompañaran y velaran con él.  Aunque ellos no entendían muchas cosas y fallaban muy a menudo, permanecieron al lado de Jesús, estuvieron a su lado, y eso fue suficiente.

Ser compañero, estar al lado de los demás es una virtud que todo cristiano tiene.  Ya que nos viene del Espíritu Santo, del Paráclito (palabra que significa precisamente: El que está llamado a permanecer a nuestro lado).

En muchas ocasiones no podemos hacer otra cosa que acompañar para que nadie se sienta solo.  Si puedes más, haz más.  Pero si no, la presencia es también apoyo.

Jesús valoró tanto la permanencia de los suyos con él en sus pruebas, que les prometió un reino a cada uno y el sentarse en la mesa del Señor para disfrutar del banquete mesiánico.

He comprobado en mis años de vida que “estar” es la mayor prueba de amor que podemos dar a los demás.  Estar cuando se nos espera, estar en los momentos más importantes de la vida, y también en otros más cotidianos.

“Estar” es el trabajo del Espíritu, porque a través de él, Jesús está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.  Él siempre está.  Y nosotros ¿dónde estamos?  ¿Cuántas veces hemos oído “gracias por venir”?  ¿Muchas o pocas?  Ojalá que sean muchas.  Y si no son tantas, comencemos a estar cerca de los que están solos o sabemos que así se sienten y necesitan nuestra cercanía.

Mucho amor y mucho estar.

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.769 – 27 de Mayo de 2018

He comprobado a lo largo de los años que la santidad no se puede dar en la soledad y el individualismo.  Todos nos necesitamos para ayudarnos mutuamente a mantener un estilo de vida santo.  Es el Señor el que produce el crecimiento en santidad, pero ese desarrollo sólo se logra en la comunidad porque ahí está el cuerpo de Cristo.

La santidad está íntimamente relacionada con el amor.  Si no nos sentimos amados es imposible ser santos.  Y para ser santos tenemos que aprender a amar.  Es siempre un camino de ida y vuelta.  La congregación existe para estimularnos al amor y a las buenas obras y sólo en ese contexto nos sentiremos afirmados y lograremos ser irreprensibles en santidad.  Por eso, los que eluden la santidad, eluden la congregación.  Y no suele haber muchas más razones para dejar de congregarse.

La palabra apostólica es muy clara al respecto: “Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.”  (1 Tesalonicenses 3:12 y 13)

Necesitamos ser afirmados por el Señor.  En esa firmeza, en esa seguridad que sólo Dios puede darnos, es donde la santidad del Señor va desarrollándose en sus hijos e hijas… La paz de Cristo nos afirma, nos asegura, nos hace estar tranquilos, confiados, a salvo… y es precisamente ahí donde la santidad de Dios se desarrolla naturalmente.

El Santo Espíritu nos anhela celosamente para santificarnos, para limpiarnos integralmente.  Cuando nos dejamos amar por el Señor y compartimos su amor sin miedos y con toda sinceridad, se produce el milagro de la santidad.  El Espíritu nos convence y nos desarma de todos nuestros “peros” que interponemos al Señor para no querer cambiar.  La transformación es ineludible porque la decisión es afirmada en nosotros si estamos dispuestos a recibir la manera de pensar divina.

Miremos al Señor, ya se acerca su venida, y tenemos que ser hallados irreprensibles en santidad.  El Señor Jesucristo viene con todos sus santos.  ¿Queremos estar entre ellos?

Mucho amor y mucha santidad.

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.768 – 20 de Mayo de 2018

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”  (Juan 14:27)

Jesús pronuncia estas palabras en el contexto del Don del Consolador que el Padre nos da.  Por lo tanto, tener el Espíritu en nosotros es tener la paz de Jesús.  Fuera de esa paz sólo hay turbación y miedo, angustia y cobardía.  Cualquier cosa, excepto fe y esperanza.  La paz de Jesús que nos llega por medio de Su Espíritu es imprescindible para ver la vida con claridad.  Para pensar sosegadamente y no precipitarse.  ¡Que importante es hacer todas las cosas sin perder la armonía que el Señor nos regala!

La paz de Jesús nos marca los ritmos a los que tenemos que vivir.  La paz de Jesús nos enseña a no ser impacientes y a no correr por delante del Señor.  La paz de Jesús nos enseña cuando hablar y cuando callar.  La paz de Jesús nos enseña a estar firmes y a salvo aún en medio de la más fuerte tempestad.  La paz de Jesús nos fortalece para no tener miedo a ningún hombre y no doblar la rodilla sino ante el Señor solamente.  La paz de Jesús nos enseña a esperar el cumplimiento de la visión, aunque todavía no se vean los frutos.  La paz de Jesús nos enseña a perseverar al frente aunque el enemigo nos quiera derribar.  La paz de Jesús es indescriptible.  No se puede expresar con palabras humanas.  Sólo se puede experimentar y hacer de ella nuestro estilo de vida.  Porque ese fue el estilo de vida de Jesús en los días de Su carne entre los hombres.

¿Quieres esa paz?  Nada en el mundo te la puede dar.  Sólo viene con la llenura del Espíritu Santo.  Confía en el Señor.  Créele a Él y no a las voces pesimistas que viven siempre en angustia, ahogados y ahogando a todos los que se encuentran a su alrededor.

La paz del Señor es y será siempre oxígeno para respirar.  Por eso, cuando Jesús se sentía apretado por la multitud, se separaba un poco para mantenerse en paz, en la paz de Su Padre que mora en Él.

Mucha paz del Señor y mucho amor.

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.767 – 13 de Mayo de 2018

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”  (Hechos 1:8)

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.”  (Hechos 2:1)

Jesús, justo antes de ascender al cielo, anunció el derramamiento de Su Espíritu con poder para hacer testigos a todas las naciones.  Y el Señor es el mismo, ayer, hoy y por los siglos.  Por tanto, necesitamos una vez más las visitaciones del Espíritu Santo para extender el testimonio de Jesucristo a la humanidad.  Sin el Espíritu nada podemos hacer, porque es el Espíritu la presencia del Señor en nosotros.  Sólo el Espíritu convence, sólo el Espíritu santifica y nos aparta a todos para el trabajo asignado a cada uno y juntos en unidad.

¿Cuál será nuestro próximo destino hermanos?  ¿Cuál será la nueva tierra de los corazones dónde nos quiere llevar el Señor a testificar?  ¿Quiénes serán esos nuevos hermanos y hermanas que van a recibirle?  ¿Ese nuevo vecino tuyo?  ¿Esa nueva compañera de trabajo?  ¿Ese amigo que por fin tiene ganas de congregarse porque el Señor le está llamando?  ¿Esa familia a la que tanto aprecias y tanto Le necesita?  Vamos a ver lo que Dios ya está haciendo.  Pero, por favor, no seas espectador sólamente.  Todos, unánimes y juntos necesitamos pedir la lluvia del Santo Espíritu para empaparnos bien de Él.

¡¡No te escondas del Señor!! ¡¡Todos vamos a ser útiles en las manos de Dios!!

El día viene cuando todos en la redondez de la Tierra oirán la voz del Señor y despertarán a la Luz del Evangelio.  Todos tendrán su oportunidad de creer en el Hijo de Dios.

¡¡Ven Espíritu ven!!  Y  ¡¡Ven pronto Jesús!!

Mucho amor.

Antonio Martín, pastor.

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