Archivo por autor

Nº 1.786 – 23 de Septiembre de 2018

“Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (Hebreos 10:12-14)

¿Quiénes serán los enemigos que sirvan de estrado a los pies de Jesucristo?  Precisamente los que no se hayan dejado limpiar de pecado; los que no quieran recibir al amor de la verdad para ser salvos.  El amor de Jesús a Su Padre fue cumplir sus mandamientos.  Cristo vino a cumplir, no a abolir.  Si recibimos Su amor, caminaremos en la verdad de sus mandamientos.  Fuera de ellos sólo hay injusticia y falsedad, mentira y engaño, apariencia y actuación (como en el teatro).

“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (Hebreos 10:14) ¡¡Tremenda afirmación categórica del resultado inapelable del sacrificio de Cristo a nuestro favor!!  Nadie puede decir que no tiene más remedio que seguir siendo imperfecto: “es que yo soy así… es que no puedo cambiar…”  ¡Esto es una mentira satánica!  Si nos entregamos del todo al Señor, seremos transformados completamente.  ¿Es un proceso? Sí, pero un proceso al que no debemos oponernos sino entregarnos a ello con pasión, avanzando cada día con obediencia.   Hay que querer.  Es entrega voluntaria, es decisión firme de la voluntad que siempre recibirá la ayuda y el impulso necesario si clamamos al Señor.  Su gracia abundante nos dará valor para decir No al pecado y Sí a la voluntad divina.  La parte del pacto que le corresponde a Dios ha sido hecha por medio de Jesucristo.  El Nuevo Pacto en la sangre de Jesús está establecido para siempre para todos los que por medio de Su Hijo se acercan al Padre.

(Continuará…)

Nº 1.785 – 16 de Septiembre de 2018

Con cierta frecuencia, muchos cristianos piensan que la Santidad es una meta, algo que alcanzaremos cuando el Señor venga en Su segunda venida.

Pero esto es un error que no nos ayuda para nada en nuestro diario vivir, puesto que fácilmente podemos desfallecer y abandonar en el camino hacia esta supuesta meta.

Leamos en Deuteronomio 7:6 – 7 y ahora lo personalizamos para cada uno de nosotros “Porque tú eres (aquí pones tu nombre) sant@ para el Señor tu D’s; el Señor tu D’s te ha escogido para serle un hombre/mujer especial, más que todos los hombres/mujeres sobre la tierra. No por ser tú más que todos los seres humanos te ha querido el Señor y te ha escogido, pues tú eras el más insignificante de todos los seres humanos.” Es decir no hemos sido escogidos por méritos propios, sino por la sola gracia de D’s.

Cuando el Señor nos llama nos aparta para El y por lo tanto somos santos, llamados a vivir en santidad. Esto no quiere decir vivir en la perfección, con lo cual en muy poquito tiempo abandonaríamos el Camino de santidad, puesto que somos pecadores por naturaleza. Pero sí anhelarla y siendo ahora conscientes de que somos apartados para D’s y por lo tanto santos, amar a nuestro Señor.

Leamos Hebreos 12:14 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Sin quererlo y debido al contexto en el que estamos hablando, nuestra mente se queda ahora solo con la segunda parte del versículo “la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”, pero ¿Qué pasa con “seguid la paz con todos”?. En este caso el verbo seguir, nos habla de “dirigir algo por camino o método adecuado, sin apartarse del intento”. Con lo cual, todo parece indicar que si nos apartamos del intento de seguir la paz con todos, será muy difícil andar en santidad, puesto que estamos hablando de un tándem.

Pablo López

 

Nº 1.784 – 9 de Septiembre de 2018

“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.  Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.”  (Juan 15:14-15)

Los amigos se cuentan las cosas.  Jesús es nuestro Jefe pero también es nuestro Amigo.  Si el jefe de tu trabajo es también tu amigo, te contará las cosas de la empresa y tú podrás también decirle tu punto de vista al respecto con cordialidad, de corazón a corazón, abiertamente como hablan los amigos, sin tapujos ni miedos.

“Si me amáis-dice Jesús-guardad mis mandamientos.”  (Juan 14:15)  El amigo de Jesús habla con Él y entiende sus mandamientos.  Jesús se los explica y le convence de su obligado cumplimiento para guiar al hombre y hacerle feliz.  Nuestro gozo está en que el Señor se nos manifieste.  Y esta manifestación amistosa de Cristo por Su Espíritu es sólo para los amigos obedientes.  Si no obedecemos, la amistad se enfría.  “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.”  (Juan 14:21)  La felicidad del ser humano sólo se puede dar al experimentar que el Padre y el Hijo nos aman por medido de la Bendita Persona del Espíritu Santo que se nos muestra cada vez más cerca, más real, más intensamente.  Escuchamos su voz, somos sensibles a su dirección y a su presencia cada vez más.

Jesús está en el Cielo de Dios, en el Santuario Celestial, esperando volver como Vencedor y pisotear a sus enemigos (Hebreos 10:13) “De ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.”  Jesús está esperando volver como también nosotros esperamos su “manifestación gloriosa”.  Si nos parece larga la espera y nos volvemos impacientes, tengamos en cuenta que Jesús también espera el día y la hora para llevarnos con Él.  Es una espera en ambas direcciones.  Por esa razón podemos esperar con su esperanza también.  Y con su paciencia aguardamos ese Día cada vez más cercano.

(Continuará…)

Nº 1.783 – 2 de Septiembre de 2018

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”  (Hebreos 10:10)

Esta declaración solemne del autor de Hebreos divinamente inspirado, remacha toda la enseñanza expuesta hasta ahora en la carta.  Afirmando una vez más y de forma categórica que por haber hecho Jesucristo la voluntad de su Padre, somos santificados y no hay más que añadir.  Queda fuera toda duda humana, vacilante ante la incapacidad de ser santo.  ¡La obra está hecha!  ¡El trabajo está terminado!  Y el que no se santifica a sí mismo, por medido de la Vida de Jesús, es porque sencilla y llanamente no quiere.

Los sacrificios realizados, ofrecidos por aquellos sacerdotes del Antiguo Pacto “nunca pueden quitar los pecados”.  De igual manera, toda ofrenda, todo sacrificio hecho en la actualidad, todo rito, incluso toda buena obra, jamás podrá limpiarnos de pecado.  Sólo Jesucristo sentado en el lugar de ejecución de la autoridad de Dios, nos limpia de pecado y de maldad.  Sólo el sacrificio de Jesús tiene poder limpiador de la conciencia humana.

Ninguna religión puede limpiar el corazón.  Ninguna práctica religiosa o creencia es capaz de rescatarnos de nuestra vacía y desordenada manera de vivir transgrediendo la Santa Ley de Dios.  Éramos enemigos de Dios aunque no lo quisiéramos ni lo supiéramos.  Pero ahora Jesucristo nos ha salvado y nos ha reconciliado para vivir en amistad con Él.  La amistad no sería posible en la desobediencia anterior.  Tiene que darse la obediencia para que seamos amigos.  Jesús fue obediente para hacernos obedientes a nosotros.  Ya que la única demostración del verdadero amor es la obediencia.

(Continuará…)

Nº 1.782 – 26 de Agosto de 2018

Hijo mío:

Evita caer presa de la justicia humana

Que estropea al que es hallado culpable

De modo que no se recupere jamás.

Vela por tu conducta

De niño, adolescente, joven y viejo.

Que tu vida sea como la gloria del sol

Que se yergue hasta alcanzar el cenit.

Hijo mío:

No seas extremista:

Recuerda que oscila la ortodoxia.

Pero el lastre del amor,

Del amor puro y constante,

Te librará del crimen

Y del sacrificio inútil

E imprimirá en tu corazón su sello.

Da tu brazo a torcer, y sé elástico.

Recuerda que de joven odiaste con pasión

Lo que a continuación amaste,

Y amaste con devoción

Para enfriarte luego.

Hijo mío:

Evita las discusiones,

Y aleja de ti sus consecuencias.

Si tu amigo no está de acuerdo contigo,

Espera otro día en el camino,

Pues el tiempo ayuda a discernir.

(Tomado el libro: “PROVERBIOS: Reflexión de la vida” de Moisés Chávez)

Nº 1.781 – 19 de Agosto de 2018

El Padre habla al Hijo, y el Hijo nos habla a nosotros por medio del Espíritu Santo.  Si queremos ser mensajeros de Jesús, necesitamos que la Paloma Mensajera Celestial nos sature con Su presencia.

Como humanos, solemos estar siempre pensando en hacer y hacer, afanados o entretenidos con muchas cosas.  Pero para hacer las obras de Dios, que es lo principal y necesario, primero tenemos que estar siendo llenados continuamente del Espíritu Santo.

Si no estamos dispuestos a ser débiles por nosotros mismos, no recibiremos la Unción del Santo que es imprescindible para cumplir la tarea asignada por el Señor a Eben Ezer Vallecas, a todos sus miembros, y a todos los puntos de misión, y a todo el cuerpo de Cristo sobre este planeta.

¡Hermanos amados por el Señor con amor entrañable!  Tenemos que poder llegar a decir todos (niños, jóvenes, adultos y mayores): “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor.”  (Evangelio de Lucas 4:18 y 19)

Pero ¿cómo poder dar si no hemos recibido primero?  ¡Recibe para poder dar!  ¡Recibe de gracia para dar de gracia!  “El año agradable del Señor” es el tiempo de gracia, de favor de parte de Dios para esta humanidad.  Es el tiempo de la lluvia tardía del Espíritu Santo.  Hoy es el día de libertad del pecado, el día de salvación, de salud, de recibir todo de Dios y dejar de confiar en nuestras propias fuerzas.  Hoy es el día de llenarnos de la fuerza poderosa del Señor para levantar una nueva generación de jóvenes que aman al Señor y son bautizados con el Espíritu de Jesús.

Mucho amor y mucho Espíritu de Dios,

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.780 – 12 de Agosto de 2018

Jesús tiene Su propio Espíritu para enviarlo sobre todas sus hijas e hijos: “Ciertamente Yo enviaré La Promesa de Mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”  (Evangelio de Lucas 24:49)

Cubiertos de arriba abajo.  La Unción viene de lo alto, del cielo de Dios donde está Jesús a la diestra del Padre.  Y nos llena por dentro hasta rebosar.  Recibimos así el poder de Cristo, las virtudes de Jesús:  Espíritu del Señor, Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia, Espíritu de Consejo y de Poder, Espíritu de Conocimiento y de Temor del Señor.

Sin esta Unción Poderosa es imposible hacer nada derecho ni que traiga fruto.  Ya nos podemos cansar en muchos trabajos y actividades.  Sin la Unción del Santo renovándonos cada día, nada podemos hacer.  Separados de Cristo nada podemos hacer.  Y es el Espíritu Santo Quien nos conecta con el Señor Jesús en el santuario celestial, y pone en nosotros la obediencia a todos sus mandamientos.

Como hijas e hijos de Dios que queremos ser obedientes, necesitamos que repose cada día el Santo Espíritu de Dios sobre nosotros.  Así, con esa Unción del Señor “entenderemos diligentemente en el temor de Jehová.  No juzgaremos según la vista de nuestros ojos ni resolveremos por lo que oigan nuestros oídos, sino que con justicia juzgaremos a los pobres y resolveremos con equidad a favor de los mansos de la tierra.”  (Isaías 11:3 y 4)

¡Cuánto falta hoy de esta sabiduría divina en medio de las congregaciones!  ¡Cuánto tiempo perdido en actividades que poco aprovechan y qué poco tiempo se dedica a la oración buscando al Señor para ser llenos de Su Espíritu!  Jesús fue lleno del Espíritu Santo mientras oraba.  En su bautismo en las aguas, estaba orando cuando fue bautizado con el Espíritu Santo y escuchó la voz audible de Su Padre Celestial: “Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba. También Jesús fue bautizado, y mientras oraba, el cielo se abrió y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma; y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.”  (Evangelio de Lucas 3:21 y 22)

(Continuará…)

Nº 1.779 – 5 de Agosto de 2018

“Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.  Enseñaba en las sinagogas de ellos y era glorificado por todos.  Vino a Nazaret, donde se había criado; y el sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.  Sele dio el libro del profeta Isaías y, habiendo abierto el libro, halló el lugar donde está escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor.”  (Evangelio de Lucas 4:14-19)

El Espíritu Santo había descendido sobre Jesús en forma corporal, como paloma mientras oraba cuando fue bautizado en las aguas.  Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo.  Cuando acabó toda tentación el diablo, se apartó de él por un tiempo y Jesús vuelve en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Nuestra misión es difundir la fama de Jesús por toda la tierra alrededor nuestro.  Y para cumplir con este trabajo, necesitamos la Unción de Jesús de Nazaret.  Ser frotados con el mismo aceite con el que fue frotado Jesús.  Y ¿cuál es esta unción?  La declara el profeta Isaías: “Y reposará sobre él, el Espíritu de Jehová, Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia, Espíritu de Consejo y de Poder, Espíritu de Conocimiento y de Temor de Jehová.”  (Isaías 11:2)

Estas siete manifestaciones o vertientes del Espíritu Santo no pueden faltar en los hijos e hijas de Dios.  El Señor Jesús nos quiere así llenar de la plenitud de Él.

(Continuará…)

Nº 1.778 – 29 de Julio de 2018

“Como el pueblo estaba a la expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, respondió Juan, diciendo a todos:  Yo a la verdad os bautizo en agua, pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.  Su aventador está en su mano para limpiar su era.  Recogerá el trigo en su granero y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.”  (Evangelio de Lucas 3:15-17)

Cuando era niño vi al menos una vez como se aventaba el cereal sobre la era en la que solíamos jugar al futbol o al beisbol los chicos del barrio.  Por allí montábamos también en bicicleta porque era un terreno liso y sin piedras.  Pero un día al ir a jugar, encontramos la era “tomada” por aquellos señores que lanzaban el grano al viento y lo cribaban.  A escasos cien metros se encuentra el silo que hasta el día de hoy se levanta como el edificio más alto que yo había visto jamás.  Estos recuerdos han cobrado nueva vida con el paso de los años, al conocer el evangelio.

Cristo viene pronto a limpiar su era, a recoger su grano y a quemar la paja que no sirve para nada.  El derramamiento final del Espíritu Santo está muy cerca.  Fuego de Dios que quemará las impurezas de los hijos y de las hijas de Dios y que nos dará un fervor y una pasión por el Señor inusitadas.  Ese Don Celestial caerá sobre toda carne para intentar convencer a la humanidad de su pecado y traer arrepentimiento a todas las almas que quieran invocar el Nombre del Señor y ser salvos.   El tiempo está muy cerca y la hora se aproxima.

¿Dónde vas a estar cuando el Señor Jesús venga a buscar su trigo?  Porque la criba se hará.  ¿Estarás en Cristo o en tus delitos y pecados?  El Señor Jesús va a derramar Su Espíritu para darte una última oportunidad.  Ojalá que nuestra ferviente petición sea: ¡Señor!  ¡Quema mi paja para que no me ahogue ni me seque espiritualmente!  ¡Santifícame con Tu Espíritu para que guarde Tu Ley!  ¡Amén!

Mucho amor,

Antonio Martín, pastor.

Nº 1.777 – 22 de Julio de 2018

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.”  (Marcos 8:35)

Ahorrar la vida para uno mismo, ocupándose solamente de su conservación egoísta, es la mejor manera de malgastarla y, por lo tanto, perder el tiempo.

En cambio, el que la da por Jesús y el evangelio es el que la ha aprovechado de veras y por eso la ha salvado de ser una vida inútil.

¡Hay tantos proyectos de vida desaprovechados!  Malas decisiones tomadas en la juventud que determinan un camino equivocado y no el plan maestro que el Señor tenía pensado.  En muchos casos por buscar primero lo que no debe ser lo primero.

Ya sabemos que la búsqueda del reino de Dios y su justicia tiene que ser nuestro objetivo principal.  Pero ¿cuántos en la práctica guardan este mandamiento de Jesús?  ¿Cuántos se fían del Señor verdaderamente?  ¿Cuántos le aman de todo corazón para guardar sus mandamientos?

En permitir que Dios sea el Rey de la vida está la verdadera vida bien aprovechada.  Lo otro será como poner algún parche nuevo sobre vestido viejo.

La entrega de la vida al Señor es el fundamento de la vida cristiana.  Pero ha de ser una entrega real y total, no de labios.  En esa entrega está el salir de nosotros mismos y fluir hacia los demás. Y ahí se pone en práctica la verdadera fe que obra por el amor.   Entonces llegaremos a la vida con significado pleno.  Una vida sometida completamente al Señor, dispuesta a obedecer su voz.

No entretengas tu vida en lo que no merece la pena, gástala toda en el servicio al Señor.  Entrégale el mando al que ha pagado con su vida por la tuya y salva así tu vida.  ¡Clamemos a Él y Él nos responderá!

Mucho amor y mucha vida.

Antonio Martín, pastor.

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